Estaba sentada en los pies de la cama y buscaba en revistas de diseño, ideas para un nombre que tuviera una conexión con el otro, algo que hiciera sentir lo humano, que fuera como tomarse un café en algún lugar tranquilo para hablar de diseño o simplemente reír a carcajadas.
En esa época empezando el siglo XXI, yo escuchaba música en una grabadora que me habían regalado mis tíos dos años atrás por mi graduación universitaria como Diseñadora Gráfica. Hoy cuando revivo ese momento, hago conciencia de lo joven que era. Aún vivía con mis papás, tenía veinticuatro años y me brotaba un entusiasmo contagiado por un amigo, por crear empresa. Él tenía 19 años, ya había montado dos compañías y me insistió que yo también podía hacerlo. Luego de horas de tachones, nombres escritos en otros idiomas y combinaciones de palabras que describieran una conexión, encontré la perfecta: Nexo. Proveniente del latín nexus (o nexum) que significa lazo, entrelazamiento, vínculo. Ese era el concepto y la descripción perfecta de lo que yo buscaba. Nexum con M como la letra inicial de mi nombre: una conexión conceptual de dos elementos, personas, clientes, proveedores, equipo de trabajo, diseño y programación. Era la unión de la mente y el corazón.
Bajo esa premisa de conectar con el otro, empezó mi camino como empresaria en el universo del diseño digital. Un año después en la oficia de uno de mis mejores y primeros clientes, Andrés Mejía, con su sencillez, su profesionalismo y al mismo tiempo su evidente atractivo, me habló de su esposa y de la necesidad que ella tenía de montar un portal web. Me dijo que yo podría ayudarla y así fue. La primera vez que la vi, pensé que era la esposa perfecta para él. Eran tal para cual. Recuerdo su carácter, su acento caribeño, con una voz casi ronca, con ojos grandes, muy alta y con una agilidad mental que se reflejaba en su forma de moverse. Irradiaba energía, inmediatez y una imponencia que despertó en mí un interés de conectar con ella. Poco a poco fui entendiendo su dinámica, sus ganas de hacerlo todo, su velocidad, sus estados de ánimo y esas ansias de innovar en cada proyecto que le ha brotado de manera natural.
Durante esos primeros veinte años he tenido la fortuna de aprender a su lado y como si no tuviera fin, la historia no la detuvo ni la pandemia. Sin dejarse abatir por el silencio del mundo, un día recibí una llamada suya para contarme que Mujeres TIC acababa de nacer. Su propuesta fue sencilla: hacer parte de la creación de los activos digitales del gremio. Seis años después no solamente he tenido la fortuna de mantenerlos activos, sino de pertenecer a él, liderar el comité de Imagen y Comunicaciones, y motivar a más mujeres a hacer lo que Ana Karina Quessep a hecho conmigo: que juntas seamos más. Que nuestra integrad nos lleva lejos, que la resiliencia nos demuestra de lo que estamos hechas y que el reconocimiento mutuo entre mujeres maravillosas, demuestra la sororidad que nos une.
Mujeres TIC me recordó la joven de veinticuatro años que soñaba con ser empresaria, en el universo digital, trabajar en equipo y dar lo mejor como profesional, con la mente y el corazón.
Solamente puedo dar gracias a Dios por el camino, a Andrés por creer en mi trabajo, a Ana Karina por su confianza y a Mujeres TIC por recodarme todos los días que Nexum me trajo hasta aquí.