¿A quién o a qué se supone que debemos otorgarle ese pálpito acelerado después de un día de recriminaciones y exigencias? ¿A la edad, al clima, a los que no nos conocen, a los que nos conocen pero no les importa, a los que están perdidos, abrumados o simplemente a la naturaleza de nosotros como humanos cuando no podemos discernir entre el trabajo y las cosas importantes de la vida? Mi cabeza despertó en la madrugada taladrando mis propios pensamientos. No sabía cómo empezar. Sentía que debía dar más y resarcir algo que para otros seguía mal, pero para mi corazón todo dictaba que no me había equivocado, que lo había hecho bien. Entre más buscaba, más me provocaba. Entre más intentaba explicar, menos me escuchaban. Le pregunté a Dios con afán, con respuestas inmediatas, con llamadas, conversaciones y nada, no recibía sino un percutor sobre una pared de cemento puro. Ruido y más ruido.
Así que me tocó quedarme en silencio.
Decidí darle a mis oídos algo de paz, buscando su voz en medio de una homilía que ni siquiera escuché. Pero él me vio y creo que se sonrió porque me contestó.
Como si hubiera entrado en el cuerpo de una mujer, me fue tomando entre sus brazos y me dejó llorar. Me llevó a mi lugar seguro y me dejé escurrir entre sus palabras. Él me había visto y se sintió orgulloso. Me lo repitió de mil maneras y aquí me tiene, arrodillada a sus palabras. Escribiendo para agradecer por su existencia.
¿Cómo devuelvo esto que hizo por mí y le explico al otro que cuando uno lo busca a él, él le contesta? Algunos no lo entenderán como lo hice yo décadas atrás. Pero eso de levantarte de la mesa, encender una vela, hacer una pausa, pensar en que tengo que comer, enfocarme luego en lo importante, en que debo seguir haciendo lo que tengo que hacer y que mientras me siento de nuevo al frente de mi computador, leo que alguien me escribe exactamente lo que acabo de hacer... ¡Eso, eso se llama magia! Existe y aparece cuando uno se empequeñece. Y él me contestó a través de las palabras de ella, me dijo literalmente: "La vida nos pide grandeza".
Pensar en el otro, orar por el otro, abrazar el dolor del otro, dar el tiempo de uno por el otro, hacer silencio por el otro, hacer un rosario así no sepas como hacerlo por el otro, el otro, el otro... todo por el otro. Por eso es que él nos contesta y lo hace a través de almas hermosas que están rondando alrededor de las nuestras. Se visten de rosado, hablan con amor, son compasivas y están llenas de luz. Esas almas son pedacitos de Dios que él mandó para ayudarnos a sanar. Así, sin imaginarme que me contestarías tan rápido te pido que no dejes que me aparte de ti. Me haces feliz, me llenas, me das tu silencio y me enseñas a escuchar.
Gracias señor por hablar a través de Galé. Te pido por su corazón y su alma, para que siga haciendo magia y poniendo tu grandeza a través de ella.