La llevaban alzada entre cuatro. Andrés era quien soportaba la mayoría de la carga y al otro lado le ayudaba Camila. Ximena, abrió la puerta de un golpe para entrar al baño y pedía que desocuparan urgente alguna cisterna. Camila le pedía a Andrés que fuera más despacio porque sentía que no podía sostenerla. Alexandra venía detrás riendo a carcajadas escuchando la lengua enredada de Judith repitiendo una y otra vez, “me voy a vomitar, me voy a vomitar.”
Una de las mujeres que iba saliendo empujó el hombro de Alexandra e hizo que derramara casi la mitad del trago encima de ella. Alexandra gritó y las dos mujeres riéndose se perdieron rápidamente en medio de la oscuridad del bar. Judith pesaba una tonelada y no podía mantenerse en pie. Ya en el piso, escurrida al frente del sanitario, empezó a vomitar hasta su primer tetero, mientras Camila le trataba de levantar el pelo que casi se untaba con su propio vómito. Su cuerpo expulsaba no solamente el alcohol sino los demonios de su pasado. Era líquido, verdoso, más un montón de palabras enredadas que Camila no entendía. Hacía más de seis años que no se veían. Andrés estaba sobrio. Ya no era divertido beberse hasta el agua del florero y estaba cansado de lidiar con las borracheras de sus amigos. Pero ese día parecía que se repetía como hacía quince años. Judith estaba ebria y estaba vomitando no solamente el alcohol, sino sus recuerdos oscuros.
Judith, Andrés y el encrespador, como le llamaban las amigas de Camila al exesposo porque usaba el de ella para encresparse las pestañas, se hacían llamar "Los tres mosqueteros". Salían sin falta cada mes, generalmente los jueves y siempre decían que era un “plan de hombres”. Camila nunca iba porque no se lo permitían y además siempre terminaban en lo mismo: amanecidos y mal enguayabados. Durante años Camila siempre se preguntó porque Judith era la única a la que se lo permitían, pero nunca había obtenido alguna respuesta coherente, hasta ese día. El día de la estocada final.
-Bebé, pero no se vayan a ir otra vez donde las putas.
Dijo Judith mientras le escurría baba de la boca. Andrés miró a Camila y Judith riéndose, le señaló la barbilla con el dedo como intentando tocarla.
-Yo sé que extrañas esas épocas bebé... Yo también jajaja.
Dijo mientras vomitaba por tercera vez. Camila miró a Andrés. Alexandra se limpiaba la ropa, cerró la llave del agua y por el espejo los miró a todos. Se hizo un silencio sepulcral. Su corazón se aceleró y no sabía si reír o llorar. Camila iba a saberlo, parecía tarde, pensaba. Seis años luego de haberse separado del encrespador, por fin alguien tendría el valor para hablar con la verdad después de tantos años de infidelidad. Ximena de pie los miraba. Quería gritar, meter la cabeza de Judith entre la cisterna y darle una patada por zorra.
Camila se dio cuenta de que ellos sabían algo que ella no. Su sexto sentido durante esos diez años le estaba confirmando que nunca estuvo loca. Andrés sentado en el suelo puso su espalda sobre la pared, tomó un suspiro y se mandó la mano a la cabeza. Empezó pidiéndole perdón, con los ojos enlagunados y sabiendo que tal vez sería la última vez que volverían a verse. Iba a ser su confesión, una ejecución.
-A veces íbamos donde las putas. Por eso él no se volvió a acostar contigo. Ambos nos dejamos de hablar porque el día que te dijo, que yo lo había dejado botado con la cuenta sin pagar, y que le robaron la argolla en la calle, él estaba drogado. Me dijo que yo había sido el peor amigo por haberlo dejado botado. Como si yo lo hubiera sacado de su casa y le hubiera embutido el trago y para rematar, como siempre, me trató de perdedor, pobre e ignorante. No fue la primera vez que se le saltó el taco, ya se había drogado otras veces. Él mismo me contó que una vez habías encontrado una de sus dosis entre el pantalón y que te había dicho que no era de él sino de uno de mis amigos. El día que estabas embarazada y tú me llamaste a las siete de la mañana a preguntarme si él estaba conmigo, yo te dije la verdad. Él no estaba conmigo, pero yo lo llamé y a mí sí me contestó. Le que te dijera la verdad pero no lo hizo. Esa y todas las veces que me llamaste a preguntarme en la madrugada si sabía algo de él. Te puso los cuernos hasta con las putas Camila, por diez años te los puso mal.
-Si, una vez intercambiaron las putas.
Dijo Judith con los ojos cerrados y con la mejilla puesta sobre en la cisterna.
-¿Desde cuándo?
Preguntó Camila a Andrés casi sin abrir la boca y al mismo tiempo soltándole el pelo de virgen de pueblo a Judith sobre la cisterna.
-Desde siempre. Incluso antes de casarse contigo me dijo que lo hacía para que la gente no dijera que él era gay.
-Él no era gay, bebé... bueno, eso creo.
Dijo Judith mientras levantaba la cabeza y miraba a Camila.
-Porque se acostó un par de veces conmigo nena. Pero no te preocupes que la última vez lo hizo sin la argolla. Por eso fue que se le perdió.
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