Aquí vamos de nuevo...
Empezaron las preguntas con respuestas demoradas, aunque en este caso creo que ya sé las respuestas, pero son tan dolorosas que me resisto a repetirlas, en este acaso a escribirlas. Vida, enfermedad y pensar en muerte. Así de cruda recibo la noticia de una enfermedad a una persona de las que más amo, pero ella no lo sabe. Si lloro, parezco víctima, si escribo, entonces se lo cuento a quienes no les importa, si me quedo callada, corro el riesgo de enfermarme y así cada decisión hoy, me atormenta. Bendita nube gris que se asoma y me clava con cada trueno. Es uno por semana. Lo curioso es que entre ella y yo viene lloviendo desde hace rato. He tratado de escampar pero pues siempre son esas gotas que queman como ácido sulfúrico. Amo la lluvia, amo el olor de la tierra mojada, el petricor, el que me recuerda que estar viva es una bendición. Pero esta lluvia es distinta, es como una tormenta de lágrimas que no sé cómo recoger.
No es mi drama, no es mi preocupación, no soy una víctima porque lloro, es un dolor indescriptible que se me sale de la boca y por eso evito hablar con mi tropa. La que me sostiene siempre, pero esta montaña rusa de ver alguien enfermarse cada año, me quiebra y a veces como hoy, me sobrepasa.
Yo sé Dios que me darás las fuerzas, para estar, para hacer silencio, para entender, para creer y sobre todo para no perder la fe. La tengo puesta en ti porque es mi única manera de sentir paz en esta distancia a millones de átomos, porque estoy a cuatro minutos de ir a verla, pero ella quiere perderse en el universo para que yo no la encuentre. No me quiere ver ni escuchar, y eso lo entiendo. Pero me duele como un putas, pero lo entiendo.
No son culpables los espantos que la rodean llenos de alcohol y mal olor, esos que no saben dormir que no cuidan su cuerpo ni a las personas que aman. ¿Que si tengo rabia? si, como la de un perro que camina desgalamido porque no sabe de dónde viene y se olvida que hay un amo que siempre está para él. El evangelio me lo advirtió hoy, quédate en silencio y no lo escuché bien porque hasta la cabeza me duele de sólo pensar en que ella no esté para que te conozca como yo te conocí. Tengo ganas de gritar porque ella no me escucha, no sé a quién escucha la verdad, pero a ti sin duda tampoco. Se burla hasta de tu voluntad y no cree que la única manera es deshacerse de tanta ropa que no sirve para nada, objetos insulsos, comida grasosa, deudas sin sentido y un montón de caprichos que me tienen harta.
Hoy no estoy feliz, estoy muy triste, muy triste y me tengo que tragar mis lágrimas porque no hay de otra. No seré la cuidadora esta vez, porque ella no quiere y en el fondo yo tampoco quiero. No quiero rasguños, no quiero reclamos, no quiero verte enferma prima, no quiero verte idolatrando más a ese personaje que no te ha sabido acompañar. No quiero verte trabajar más como un burro arriando tierra seca. No quiero que te enfermes más, no quiero que te alejes más de mí, no quiero que te alejes de Dios, no quiero perderte.