lunes, 18 de abril de 2022

Hasta que mi aliento se integre con tus rayos de luz

Eärendel, my love...

Te puedo sentir y a veces creo que te puedo ver. En las noches iluminas la oscuridad de mi balcón con tus cuerdas de luz y entras como si pudieras sentarte en la silla vacía que dejaste al lado mío. También me gusta que entres a mi habitación, así, sin permiso, como desde el primer día que entraste a mi vida. A veces cuando hay luna llena, no puedo verte, pero no me importa porque sé que estás en alguna parte, escondida, con tus esferas y con la luz apagada. Estoy buscando en el libro que me dejaste algún mapa para encontrarte, pero nunca me entregaste las instrucciones completas de uso y manejo. Aún así, lo sigo guardando todas las noches entre mi cajón.

Me han dicho que estás suspendida en el espacio y que es imposible que te lleguen mis cartas, pero yo sigo haciendo mil intentos de enviarlas porque sé que en algún momento me contestarás y a tu manera. Por algo eres la más especial de las estrellas y me tocó a mí esa bendición de haberte encontrado. Algunas personas me preguntan si estoy esperando que tus respuestas me lleguen por debajo de la puerta en algún sobre de Amazon, pero cuando intento explicarles, simplemente no lo entienden y me dicen que estoy loco. 

Cada vez tengo más canas y supongo que eres tú quien las estás pintando en las noches mientras duermo. Esos momentos con Morfeo son muy silenciosos, pero así duermo mejor. Yo creo que tú debes estar haciendo algo en el lugar que estás escondida porque ni siquiera el sonido de la lluvia en la ventana me despierta. 

Hace poco anunciaron una tormenta de estrellas, así que viajé hasta allá para verlas pero todas eran muy pequeñas. Me dijeron que por tu tamaño sería más fácil buscarte en los destellos de luz encima del mar. Así que en los próximos años saldré al espacio a buscarte; posiblemente tardaré millones de años en encontrarte, pero me estoy preparando para eso. Llevo todo lo necesario para medir una a una las estrellas suspendidas en el cielo. He buscado en tus registros si eres de primera o segunda generación porque así sería más fácil elegir el camino correcto, pero esperemos que el telescopio de James me dé el dato en los próximos millones de años. 

Por ahora seguiré esperándote todas las noches hasta que mi aliento se integre con tus rayos de luz y de esa manera tendré las fuerzas suficientes para salir a buscarte. Te prometo que cuando te encuentre, te sentirás orgullosa de mí. Para ese momento seguramente ya habré entendido el propósito del libro, el significado de tus esferas y las cuerdas de luz que me dejas colgando todas las noches en el balcón. 


*Escrito como ejercicio del mensaje para Eärendel, la estrella más lejana hasta ahora descubierta, asignada por el profesor Nelson Fredy Padilla Castro de la asignatura Escritores Experimentales Latinoamericanos - Maestría en Escrituras Creativas.

lunes, 4 de abril de 2022

Quisiera ser Helvética

Quisiera ser Helvética, así sería negra y blanca a la vez. Podría estar de pie en cualquier acera y el largo de mis piernas se confundirían con la simetría de las cebras del asfalto. Pasaría desapercibida, no sería ni un hombre ni una mujer. Soy una M mayúscula, pero quisiera ser como la M de la Helvética, con los pies firmes y apoyados sobre tacos de madera que sostienen al atleta en una carrera. Una de sus rodillas apunta hacia la meta y la otra sobre el asfalto me recuerda la importancia de bajar la cabeza y la importancia de la humildad. Aunque mi pelo está lleno de cotas hay quienes creen que son serifas. Me desgastan esas miradas inquisidoras que parecen cajas tipográficas queriéndome encasillar dentro de una Arial o una Futura. Quisiera caminar por cualquier parte del mundo sin que a la gente le importe si mis oídos están escuchando el álbum del 1987 de Michael Jackson o el de Massive Attack de 1991, al fin y al cabo ambos llevan el ritmo de la Helvética. ¿Qué tan relevante podría ser volar con American Airlines o con Luftansa?. ¿Acaso no son más importantes los pasos que los destinos?. No deberían existir diferencias entre los cafés de Nestlé que sirven en primera clase o los que sirven en recipientes de plástico para los de última silla. Si fuera Helvética podría subirme al metro y me dedicaría a atravesar ciudades como Tokio, Boston, México o Manhatan. Sería ideal que nadie se fijara en mi raza cuando atravieso sus vísceras subterráneas o elevadas en un transporte que finalmente es colectivo y el fin es llevarnos a todos en la misma dirección. 

Siendo Helvética podría seguir siendo urbana, de los postes y las calles nocturnas. De los carteles de películas clásicas en un teatro bohemio del centro de cualquier ciudad. Podría ser una señal de tránsito que ayude a quien necesita cruzar o de las que alertan a los bañistas en la playa de los tiburones. Aunque algún día quisiera ser parte del titular de The Guardian, me gustaría que fuera con lo mejor de mi Helvética: Un libro lleno de historias que nos hagan olvidar si somos autores o autoras latinoamericanas blancas o negras. Quisiera que la gente que nunca ha visto una mujer negra como yo, lo hiciera sin sorprenderse de mi color casi azul. Que mirara mis pestañas oscureciendo mis párpados como sombras de alguien que no quiere ser juzgada, simplemente son las tildes de mis ojos. Que pensara que de mi lengua morada sale la sabiduría o el canto de negra inigualable hecho por la unión de mis palabras. Quisiera que la gente dejara de mirar mi trasero como un melón tenso de una B mayúscula y en vez de eso observara la persistencia de una atleta que ha fortalecido sus músculos sin ninguna vanidad absurda. Quisiera ser una Helvética puramente leída por el valor de sus palabras y no solamente por la forma estética construida por una sociedad que no nos deja identificar la verdadera esencia del ser humano.


*Escrito como ejercicio escrito sobre "raza" a partir de verme en el espejo o en una fotografía, inspirados en la lectura y diálogo sobre "El origen de los otros" de la Nobel Toni Morrison, asignada por el profesor Nelson Fredy Padilla Castro de la asignatura Escritores Experimentales Latinoamericanos de la Maestría en Escrituras Creativas.

Alerta aeropuerto

Aunque entendía su idioma, la primera palabra que salió de su boca, fue enredada y confusa. Yo lo veía mover su cara de pescado y el aire entrando y saliendo por sus branquias a los lados del cuello. Era blanco, parecía del océano atlántico y alcancé a pensar que era un róbalo, se veía saludable y no parecía amargo. No tenía aún el olor putrefacto del mar cuando los peces están cenándose a otros y sentí que podía pasar nadando cerca a él, por el arrecife y sin ningún problema. Pero el sol se asomó lentamente y el pez empezó a cambiar de color. Ahora no sólo tenía un tono verdoso como si estuviera impregnado de contaminación, sino que una baba de moho de mar salía de su boca. Yo llevaba mi pelo suelto, pocos accesorios y nada que distrajera la mirada de ese vertebrado. Por primera vez no me preocupé y así mismo, por primera vez y sin darme cuenta, terminé devorada dentro de su esófago casi hasta el intestino. Mientras él me preguntaba en su idioma enredado de mar por mi lugar de procedencia, mi trabajo, mi relación, mis ingresos y mi maleta, yo me imaginaba que en cualquier momento un carnicero acabaría con mi cabeza. “¿Trae comida en su maleta?”, le contesté con la verdad. -Si. Y una sonrisa se desplomó en sus papilas gustativas como si yo fuera el desayuno de su mañana.

Ahora sí el sol empezó a hacerme expulsar mis feromonas de temor infundado. No entendía mi angustia, pero sus aletas rozaron mi cara y comencé a sudar. Como si me hubiera tomado de la mano, me llevó por un corredor hasta el fondo del arrecife. Mientras nadábamos por entre las algas, me di cuenta que él hablaba perfectamente mi idioma. En ese momento deseé que un pescador lo hubiera dejado a mitad del océano, chorreando sangre y moviéndose de lado a lado mientras lo insertaba en un balde cubano de vuelta a su ciudad natal. Pero no, él tenía el poder del mar y su tarea de untarme de su olor putrefacto, hasta ahora empezaba. Me dejó con uno de sus amigos, un pulpo negro. Sonriente, amable, de ojos saltones y actitud empática. Tomó sutilmente mi maleta y a pesar de haber escaneado mis veinte kilos de comodidades, la abrió como si me estuviera quitando la ropa. Afortunadamente solamente la miró, la rodeó y descartó una de esas posibilidades de no poder pasar que yo había visto en esos programas de televisión "Alerta aeropuerto".

Yo no sabía hasta dónde debía nadar, si ya había llegado al fondo o si podía volver a la superficie. Continué por ese enredo de algas que acariciaban mi maleta y llegué al borde del abismo. Al otro lado de él se veía un fondo oscuro de una bahía estancada que no quería ver. Siempre le he temido a las alturas y esta vez no era la excepción. Con un dorso verdoso, casi negro  y su vientre blanco como la nieve, apareció una anguila de dos metros. Como si hubiera perdido la vista, decía mi nombre en voz alta y nuevamente inició con su interrogatorio como el primer róbalo que casi me corta con sus escamas. En cámara lenta llegó a mi cara su aliento a acuario podrido. Yo sabía que no podía gesticular ni hacer ningún movimiento que exasperara aún más su hambre carnívora. Le vi sus ganas de comerme con un chasquido, como si fuera un insecto o un gusano. No era mi sabor lo que quería, era su placer de dejarme marcas rojas en mi piel para producirme el dolor profundo de no pertenecer a su arrecife. Se tomó un copa de vino, se limpió los dientes con la lengua, chupó mis huesos y cuando vio que no podía acabar con mi cabeza, repitió su mirada inquisidora y finalmente me dejó pasar.

Ese gesto mucoso que salió de su pelo amarillento y sus ojos cristalinos, me hicieron devolver el paso a la superficie. Por poco pierdo mis alientos y estuve a punto de llorar. Quise ser un pez sin identidad, sin sabor, un caballito de mar que no dejara ver mi sexo, mi género y mi vida en el mar.


*Escrito como ejercicio de texto contado o intervenido de juego o antijuego inventado o existente. Posiblemente inocente a perverso., asignada por el profesor Nelson Fredy Padilla Castro de la asignatura Escritores Experimentales Latinoamericanos - Maestría en Escrituras Creativas.