lunes, 25 de mayo de 2026

Influencias de movimientos artísticos y el extraño mundo

Cuarenta y nueve kilos llegué a pesar. Llegué a medir talla 4 de pantalón. Mis camisetas podían ser la talla 14 de niñas, la más grande y yo cabía en ellas. Para algunas mujeres a los treinta y dos años eso podía ser la felicidad absoluta, para mí era traumático mirarme al espejo y ver lo delgada que era. No sólo por constitución sino porque casi me intoxico con el monóxido de carbono de mi casa, pero esa es otra historia. Hacía ya nueve años que había salido de la universidad y seguía amando la extraña película de un esqueleto que amaba la navidad. Jack el protagonista, era mi personaje favorito. Intenté disfrazarme de Sally, la novia de Jack, en una fiesta de disfraces en la universidad, pero mi prima decía que parecía una muñeca fea, antes que una muñeca de trapo que estaba enamorada de ese esqueleto vestido de frac. Un traje negro con líneas blancas que moldeaban la delgadez con la que me identificaba. Esos dos personajes fueron mis favoritos por muchos años de algunas de las películas de Tim Burton. No recuerdo dónde ni como, me compré una camiseta negra e impresa con la cara de Jack. No era de adulto, era de un niño grande, pero me quedaba perfecta. La usé tantas veces como fueron necesarias para que mi ahijada la memorizara lo suficientemente, como para relacionarme con ese personaje.

Con veinte y cuatro años viajé por primera vez a Disney. Iba toda mi familia, mi tropa completa, doce para ser exactos. Mi ahijada tenía seis años y cada vez que veía una imagen de Jack en una tienda, corría para contarme. Era como si él realmente existiera. Ella podía apasionarse tanto como yo con ese personaje. Fue así como entramos al paraíso de "El extraño mundo de Jack". Un almacén repleto de camisetas, gorras, llaveros, mugs y cuantos diseños inimaginables podrían reproducirse de él. Me compré un hoddie de cremallera con la cara de Jack impreso en la parte delantera. Al día siguiente le regalé mi camiseta a mi ahijada. Sentí que por primera vez una niña sería como yo. Amando mi universo de esqueletos, personajes oscuros pero llenos de fantasía, así como todo lo que hacía el director de cine Tim Burton.

Una captura fue suficiente para dejar el recuerdo de ese momento inolvidable. Como si hubiera sido una foto análoga, con los años, el tiempo empezó a hacer su tarea. Ella empezó a crecer y la camiseta empezó a desgastarse. Yo me perdí entre mi closet, reemplazando el negro de mi hoddie por estilos de mujer casada, conservadores, casi impuestos y perdiendo parte de mi esqueleto. Así pasaron diez y seis años, hasta que un día como hoy, veinte y dos de mayo recibí la tesis de mi ahijada por WhatsApp. Se llamaba INFLUENCIAS DE MOVIMIENTOS ARTÍSTICOS EN EL CINE DE TIM BURTON. No se cómo ni cuando ese click de un esqueleto negro quedó grabado en su ADN como lo hizo conmigo Tim Burton en la universidad. Sin saber dónde fueron a parar la camiseta y el hoddie, a veces imagino que van de la mano, recorriendo las calles de Disney, las de España o las de Miami. Lo que sí sé, es que esa captura y este texto, despertaron en mí, las ganas de volver a tomarme una foto igual. Porque ese extraño mundo, nos unió por la eternidad.



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