"Estas son las mejores universidades de Colombia en las pruebas Saber Pro 2025: ni los Andes ni la Nacional están en el primer lugar". Así era el encabezado de esta mañana veinte de mayo del diario "El Tiempo", quien con esa noticia, sentí que se había acabado la discusión eterna y sin sentido que mantuve con mi padre por más de treinta y cinco años. En ese reducido título retrocedí en el tiempo y me vi sentada en la mesa del comedor, con mis dos hermanas mayores, mi mamá sentada al frente mío y mi papá en la punta de la mesa. Tenía diez y seis años de edad.
Aunque hacía dos años ya había tomado la decisión de estudiar una carrera artística, mi papá tenía la esperanza que sus tres hijas fueran ingenieras como él. Pero no de cualquier universidad, tenía que ser de la "Universidad Nacional de Colombia", de la "Nacional" como era comúnmente reconocida en el país o en "la nacho", como le decían mis hermanas. El orgullo de mi papá eran ellas dos, porque ambas estudiaban ahí. Yo no tenía "pinta" de lograrlo. "No cualquiera pasa", decía a todos con los que les hablaba de títulos académicos.
Por otro lado, no reconocer los argumentos y el conocimiento de mi papá por haber estudiado ahí, sería injusto. Ingeniero Electrónico de la Distrital y Filósofo de la nacho. Autodidacta, docente de física, química y director académico de colegios públicos y privados eran parte de su hoja de vida. Todo eso se lo atribuía a la Nacional. La universidad que durante muchos años fue considerada la mejor del país, con egresados extraordinariamente reconocidos y con las más altas calificaciones de quienes pasaban el tan competido y famoso examen de admisión.
Ese examen fue durante muchos años mi peor cruz. Tres intentos fallidos antes de ser mayor de edad, eran como la etiqueta de la oveja negra de la familia por no haberlo conseguido. Pero como digna hija de mi padre, cuestioné ese concepto de "ser la mejor universidad" afirmando que realmente la mejor, era la "Universidad de Los Andes". Cada vez que yo enfatizaba que prefería salir de Los Andes que de la Nacho, le salían fuego por los ojos a mi papá y de paso le salía una cana. Hoy casi treinta y cinco años después, él tiene el pelo casi completamente blanco y sigo creyendo que la mayoría de esas canas han sido mi culpa. En esas épocas de juventud, cuando almorzábamos en la mesa y mis hermanas ya estudiaban en La Nacional, las discusiones podían durar horas enteras. Que los de la nacho no saben gerenciar, que los de Los Andes no tienen el conocimiento técnico, que los de la Nacho se ven mal bañados, que los de Los Andes son hijos de papi y mami, que los de la nacho no saben relacionarse y son como ensimismados, que los de los Andes se ven como gerentes pero son brutos, que las conexiones son las que les asegura un buen futuro profesional, que el conocimiento más y así opiniones de reinado, una detrás de la otra.
A pesar de todo eso, incluso del hecho de haber logrado estudiar una Maestría en la Nacional hace cinco años para por fin hacer sentir a mi papá orgulloso, hoy leo el titular de esa noticia y empiezo a creer que esas conversaciones fueron una perdedera de tiempo. Es ridículo asignar un triunfo o el éxito a un profesional solamente por la institución, admito que sin la academia no sé qué sería de la vida de toda mi familia y que sin ella no estaríamos donde estamos, pero definitivamente si hubiera sabido que este titular saldría en 202,6 en 1996 cuando empecé a estudiar e una universidad privada, no habría perdido mi tiempo discutiendo tantas veces con mi papá. Hoy lo vi acostadito en una cama con un par de achaques y lo último que me importó fue pensar en títulos universitarios o conocimientos. Lo que extrañé fue el tiempo que hoy me hace falta para estar más a su lado y reírme con él del titular que destroza a las dos más prestigiosas e importantes universidades el país.
*Escrito para el XII Mundial de Escritura - consigna día 2: Escriban una historia de ficción a partir del titular de un diario que les llame la atención.
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