lunes, 15 de febrero de 2021

La perra

La perra tenía rotundamente prohibido subir a las habitaciones. Mi papá le decía así: la perra. 

Pili no era "la perra", era nuestra "Pili". Una Parson Russell de color blanco que jugaba con  mi hermana y conmigo cuando teníamos 12 y 10 años de edad. Era nuestra compañía en las tardes cuando ninguno de mis papás estaba en la casa.

Una tarde de esas libertades infantiles soltamos a Pili para que corriera por toda la casa y se divirtiera "como perra sin dueño". Era una casa de 2 pisos, con 4 habitaciones y nos surgió la grandiosa idea de llevar a Pili al cuarto principal, el más grande, el cuarto de mis papás. La diversión nos absorbía el tiempo hasta que nos hizo perder el sentido de la hora precisa a la que debíamos bajar a Pili nuevamente al primer piso. Fue así como las risas y las carcajadas no nos dejaron escuchar el cerrojo de la puerta, ni los pasos subiendo las escaleras y mucho menos sus pasos mientras se acercaba a la habitación. Fue en un breve momento en el que mi papá abrió la puerta de la habitación, miró alrededor, hizo un paneo por todo el piso y mirándonos fijamente con su actitud imponente de educador y voz firme, preguntó: "Acá está la perra"?

El frío recorrió mi cuerpo. Mi hermana estaba con medio cuerpo debajo de la cama y yo encima de la cama orando para que Pili no asomara su cabeza por ninguna parte. Alcancé a creer que Pli entendía que tenía prohibido subir rotundamente al segundo piso y que por tal motivo debía quedarse quietecita, o de lo contrario ambas perderíamos la vida. Pero mi hermana la juiciosa, la que siempre decía la verdad, dijo "SI" y yo, la rebelde, la que mentía por culpa de la diversión, afirmé sin miedo y con firmeza: "NO". 

En ese instante a Pili se le hizo fácil salir debajo de la cama caminando muy campante hacia la puerta donde mi papá estaba de pie. Sus ojos se convirtieron en furia y en vez de ir detrás de Pili, la perra, él sacó su correa y me recordó la importancia de no mentir. 

Recibí su castigo y aunque hoy aún recuerdo los latigazos, me río a carcajadas por el caminado campante y con osadía de nuestra Pili hacia la puerta. Caminó sin una gota de miedo, la perra.


*Ejercicio para la clase de Narrativa de la Maestría en Escrituras Creativas 


Verde esmeralda

Cuando intento traer a mi memoria mi más antiguo recuerdo, me emociono, lo busco entre mis cajones mentales, lo refuerzo, lo ato a mi mente y cuando ya lo tengo, siento que algo en él se desgasta. Es un recuerdo con color, uno verde esmeralda. 

Es una mirada de mi madre, una tranquila, una que me dio paz. Es un instante en una joyería de hermosas esmeraldas, verdes como los ojos de ella. Un lugar frío y en el centro de una noche Bogotana. Estoy de pie observando una vitrina de marco dorado, llena de joyas y veo a mi madre hablando con el vendedor del lugar. No recuerdo ninguna de sus palabras, ni siquiera su tono de voz, pero como entre neblina, en un instante me veo sentada sobre el mostrador. Sé que no tengo más de 4 años, porque mis pies cuelgan y mi mamá me toma de las manos. Hay una grapadora para papel horizontal sobre la vitrina y resalta por su color negro y sus formas plateadas. La siguiente imagen es la mirada verde esmeralda de mi madre sobre mis ojos. Me hablan con certeza, suavidad y tranquilidad, pero con algo de preocupación. El vendedor toma la grapadora y como un rayo de luz, pone sus manos sobre mi oreja, y aquel objeto ya no parece objeto de oficina, ahora parece un monstruo destructor de lóbulos infantiles, que en un segundo atraviesa mi piel y automáticamente la neblina de mi recuerdo desaparece. Es una imagen perfectamente nítida. Es un dolor físico que se quiebra en mis oídos, recorre todas las fibras de mi cuerpo y sale disparado por mi garganta un grito ensordecedor. No he podido recobrar el aliento y nuevamente esa máquina destructora hace la misma perforación en mi otra oreja. 

Dos gritos secos que no terminan en llanto sino en impotencia. Llevo mis manos a mis orejas y siento el fuego pero descanso cuando imagino lo que cuelgan de ellas.

Creo que jamás olvidaré ese instante, ese sonido, ese dolor físico que parecía un castigo a la rebeldía de mi niñez. Pero como todo aquel recuerdo viejo, el cajón se cierra y la siguiente imagen es la mirada de ojos verdes esmeralda de mi madre, diciendo: "todo está bien". 

El dolor se va, mis orejas no sangran y mis lóbulos candentes terminan siendo dos esmeraldas hermosas que aún conservo en el cajón de mi presente realidad.

martes, 12 de enero de 2021

Mis esferas

¿Y acaso quién te crees?

¿Quién te crees para suponer que debo o no me debo quedar en silencio? 

Te detesto Ego. No me mires con esa sonrisa tan despectiva porque crees que no puedo vivir sin ti. Puedo vivir con una parte de ti, pero no contigo como el rey de mi casa. Si. Hoy me ganaste la batalla porque escribo con dolor, con ese que me da por no poder acercarme a quienes quiero y por culpa tuya ahora me toca con audios y mensajitos de WhatsApp, que no alcanzan a expresar lo que siento.

No me importa que me veas así, porque no te tengo miedo. Tenle miedo a mi arma de esferas a la que idolatro más que a ti. Es una pepa diaria la que me debo tomar para no enfermarme al pensar en tus egoísmos absurdos. Que si hablo, que cómo hablo, que cómo escribo, que lo que publico, que si me veo o no me veo, que si mi pelo, que si cocino de determinado modo, que si lloro, que si caigo bien, que si interrumpo, que si mi ropa, que si ando de prisa o muy lento, que si mi dinero, que si rojo, que si "las necesidades", que si con X, Y, Z que si, que si... que no más!!!

Salte de mi mente que me haces daño. Siii, asúmelo, me haces daño. Y sé que a ti también te duele pero eres tan vanidoso que no eres capaz de deshacerte de esa máscara que te clavaron con puntillas desde el rostro hasta tu corazón. Porque te fascina pavonearte con esas benditas puntillas que te cubren el dolor y de paso hieren mi memoria. Pareciera que lo disfrutaras. Esperas que yo sea de piedra y cicatrice rapidito para aceptar tu inventada realidad. Que joda si te detesto Ego. Me detesto por no haberte visto venir y no haber tenido preparada mi arma de esferas empuñada. Detesto tus mentiras, tus palabras hirientes cuando me miro en el espejo, tus universos paralelos, tus verdades acomodadas, tus ciegos testigos, tus vanidades ridículas y tus apodos repetidos.

Pero siempre que hago esto me arrepiento. Cuando te grito por tus mentiras y por lo que juraste en vano, me arrepiento. Me arrepiento por ser tan agresiva. Me arrepiento cuando hablo solamente de mi y me vuelvo como tú. Ahí me quiero esconder y quiero llorar con desahogo. 

Me arrodillo, empuño mis esferas, me rompo y lloro. 

Respiro profundo y otra vez vuelvo y me compadezco. Paso de odiarte a aceptarte. A dejarte hacer esa rabieta absurda que te caracteriza cuando los reflectores no están sobre ti. Y yo paso a hacer la mía por sentirme así. La pataleta de escribir así.

Recibe mis esferas irrompibles, mi querido e inevitable Ego. Sin duda todos necesitamos en algún momento de ti. Pero espero que te mantengas a distancia y te advierto que si me vas a tocar de nuevo sea para escribir cosas que inspiren, para ayudar a otros, para hacerlos reír, para permitirme recordar la cantidad de cosas maravillosas que Dios me dio y usarlas al servicio de él, no al tuyo. Léeme y en público, demuestra que nada te debilita, vives de eso. Demuéstraselo a quienes se alimentan de las aprobaciones del universo. Pero recuerda que la punta de mi arma jamás necesita de eso.

Adiós. Sé que aparecerás de nuevo. Incluso ya lo estás haciendo en este texto, te atreves a meterte y a volverlo incoherente. Pero no me importa, cuando realmente aparezcas en la incoherencia de tus actos y tus palabras, estaré más liviana, más preparada aunque para tí será "empoderada", pero ya no me importa que lo pienses así. Mi arma de esferas es mucho más sabia que tú y sobre todo cuando diariamente procuro tenerla empuñada. Por cierto, acabo de ver que me hiciste soltarla para escribirte. Hasta eso logras hacer conmigo. Pero bueno, atrévete a venir nuevamente, que no me importa si me desangro, no es la primera vez que te enfrento. He salido de peores, con kilos de menos, revolcada por las olas, pero he salido.

Busco mi arma y la cuelgo en mi cuello porque necesito secar mis lágrimas, cerrar mis ojos y retomar el silencio para escuchar lo que dejé hacer mientras escribía: escuchar la voz. La voz de mis esferas.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Time

Una mañana abrí mis ojos y le pregunté al Señor... estás ahí? y me dijo si. Luego esperé a que me dijera algo más, pero hubo un silencio profundo, y pensé que no decía nada, pero me di cuenta que me estaba hablando, bajito, muy bajito, pero hablaba montones.

Así, en ese tiempo, a esa hora, fue como los conocí a ustedes dos. Sin pensarlo, 10 años después los conocí realmente.

No podría precisar el momento en que mi lado racional recuerda cuándo te conocí mi Jonny, pero sí recuerdo el día que en tu lugar de trabajo en 2010, en una sala de producción, con un techo bajito, con todo respeto, bajito como tú, pero con mucha actitud y valentía, también como tú, me mostraste una foto de tu esposa. Mayra. No olvido tu rostro mi May, una tez pura y brillante como la de una princesa. Esa, era una foto del matrimonio de ustedes dos. Lo recuerdo como si fuera ayer.

Entre recuerdos con ecos que se desvanecen en mi mente, aparecen ustedes, una y otra vez. Música, fiestas, reuniones, karaokes, risas, carcajadas, amigos, cumpleaños, paseos, amaneceres, disfraces,  negocios, grabaciones, fotos, almuerzos, gestos, miradas, conversaciones, preocupaciones, trabajo, silencios... largos silencios. 

En esos silencios nuevamente el Señor me habló bajito, muy bajito, pero me volvió a hablar. Una llamada y unas palabras acertadas, nos volvieron a reunir entre “ángeles volando en ese lugar, subiendo y bajando en todas las direcciones”, que de blanco que se abrazaban y se expresaban el amor de Dios, unos a otros. Hombres sonriendo, mujeres con rosas rojas, amigos, sorprendidos, pero sobre todo, ustedes dos... juntos.

Con un par de encuentros y los "pocos tiempos" que yo nunca tenía, pudimos vernos y sin darme cuenta habían pasado 10 años. Jamás los había podido ver con tanta claridad y sobre todo con tanta emoción como los vi en este particular 2020. Fue esa mañana en que abrí mis ojos y con el silencio del mundo, pude empezar a escucharlos nuevamente a ustedes dos.

Estaban orando, por todos, por los demás, por nosotros, por ustedes mismos. Y fue ahí, donde un día, meses después, hoy, Dios nuevamente los bendice. Con las fuerzas del Señor, con la Fe de María, con el amor de Dios y con la luz del Espíritu Santo. 

Es por eso que quiero dejar por escrito, que cada vez que los escucho, los veo o los leo a ustedes dos, siento a Dios en mi Corazón. Sé que no soy la única a Iván también le pasa. A muchos que los conocen, les pasa. Quiero darles las gracias por cambiar mi vida, a través de su amor por Dios. Gracias por permitirme entrar en su hogar, por dejarme ver las rodillas rojas, por el significado del perdón, por sus cartas de audios y chats, por su coherencia como esposos, por las bolsistas de Té, por los libros, por darme herramientas con sus dones, por no hacerlo solamente conmigo, sino con cualquiera que se ha acercado a sus vidas.

May, me enseñaste a ser la princesa del Señor. Eso ha cambiado mi vida, mi corazón. Gracias mujer de tez de princesa, como tu princesa Juanita.

"Tres cosas hay que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante de las tres es el amor." Que Dios bendiga ese amor, de hace de 10 años, de hoy, de siempre.

Los quiero montones y que el camino siga, que llegue el momento de poderlos abrazar otra vez, para no dejar de escucharlos, para que Dios me siga hablando a través de ustedes.

No paren de cantar, porque cuando unen su voces, no solamente se escucha muy fuerte en los silencios del Señor, sino que se escucha más bonito y eso lo hace feliz a Él.

Besitos,

Martha Lili



martes, 10 de noviembre de 2020

Manuel y Samuela

La fragancia aquella vez era la misma que ahora, Paco Rabanne. Luigi la olió por primera vez en la casa de la zona universitaria en la que su mamá lavaba ropa dos veces por semana. Parecía que las feromoas de su cuerpo viajaran por aquella casona. Simplemente cerraba sus ojos y dejaba a su imaginación el pelo crespo y castaño de alguna mujer. Su sonrisa radiante, seguro iluminaría el lugar apenas la viera entrar. Su delgadez sería una armonía perfecta para imaginarse un simple baile a su lado. 

Ese pensamiento se repetía el lunes y los jueves. Luigi acompañaba a su mamá con el canasto y las prendas de vestir de la pensión. La tarea cada semana era mantener las sábanas limpias, con olor a lavanda, con la suavidad propia de una gran lugar y la blancura impecable de la señora Manuela. Así se llamaba su mamá. Samuel su padre, en cambio, era el encargado de arreglar todos los daños eléctricos de la pensión. 

Cada semana don Alberto, el patrón, le entregaba a Samuel el listado de los arreglos de la semana y cuando era necesario, le pedía que acompañara a su esposa a terminar la tarea de lavar la ropa.

En esa zona, se escuchaban las voces de los universitarios cuando cruzaban la puerta. La mayoría de las casas del lugar, eran casonas que habían sido diseñadas para mantener la puerta abierta.

Desde afuera,  se podía ver pasar a todo tipo de estudiantes de la zona. Aunque era el centro de la ciudad, la mayoría de las casas mantenía su apariencia colonial y las ventanas pequeñas apenas dejaban pasar algo del viento de la tarde.

Esa tarde, Luigi decidió decirle a su mamá que debía realizar algo importante. Cuando sintió nuevamente la fragancia Paco Rabanee, amarró bien sus zapatos, ajustó su cinturón, estiró su camisa y se arregló su pelo de adolescente. Luigi con 14 años de edad, estaba decidido a ajustar el "modo de conquista" e ir tras la búsqueda de la chica de su imaginación.

A pesar de la timidez y los nervios, decidió dejarse llevar por el aroma hasta el tercer piso de la casona. Desde allí podía sentir la fragancia cada vez más intensa. Mientras se acercaba escuchó el canto de una mujer: 

"Sol radiante que entras por mi ventana, no te apartes de mi vida, no dejes que las hojas secas caigan al suelo sin haberlas podido disfrutar cuando pasa el viento. oh mujer de pelo de tiza, no te apartes de mi vida".

Con ese tema, Luigi terminó de enamorarse. Su voz era casi como la voz de los ángeles.

Al intentar asomarse y ver por la rendija de dónde venía la voz, son su brazo levemente empujó una de las plantas colgantes, típicas de una casa colonial. Se tambaleó hasta que cayó.

El crujir de la cerámica contra el suelo, asustó no solamente a Luigi sino a la mujer con la fragancia de Paco Rabanne. Inmediatamente la voz de ángel se acercó a la puerta, y la abrió. Bajó su mirada y vio a un joven 20 años más joven que ella. Le preguntó qué sucedía y Luigi, con una mirada de tristeza, veía que la joven que se había imaginado, no existía. Que era una mujer adulta, con arrugas, con manchas en su piel, con su vestido de nana.

"Hola, creo conocerte, sí, estoy segura debes ser Luigi, el hijo de Manuel, salúdamelo a él  y a tu madre Samuela."

Aún no se sabe si a Luigi lo que más le partió el corazón era ver que la mujer de sus fragancias no era joven sino vieja, o que ni siquiera ella supiera quiénes eran sus padres, porque él no se llamaba Manuel, sino Samuel y que su madre se llamaba Manuela, no Samuela.


**Escrito para el Tercer Mundial de Escritura - consigna día 13: escribir un texto que tenga su momento de mayor impacto o tensión al comienzo de la historia. 




viernes, 6 de noviembre de 2020

Usted no sabe quién soy yo

Querido señor Coronavirus:

Le agradezco su atención y también se mantenga muy distante mientras lee este correo. De acuerdo con nuestra última conversación quisiera dejar por escrito mis comentarios al respecto.

Durante el mes de marzo de 2020, usted agendó una cita en mi ciudad, pero con su voz enmudecida y sin darnos cuenta, pronunció sus primeras palabras. Aún no entiendo cómo se atreve a venir sin ser invitado y no comprendo cómo aún se le ve pasear con tal descaro. Intento no expresar mis emociones por dicho encuentro, pero quisiera saber por qué no decide marcharse con la misma inmediatez con la que llegó.

Aunque ya han pasado 8 meses, parecen 8 años. Siento que usted se ha robado importantes recuerdos de mi vida y adicional a eso, sigue intentando llevarse 8 meses más. Cuando pensé que sería una etapa para compartir con los míos, usted entra como una sanguijuela resbalosa y se posa en cuanto milímetro, centímetros o pulgadas del universo. No se si lo que más me molesta es que hace 2020 años nos vienen advirtiendo de su presencia y nosotros aún no entendamos, o que aún sabiendo que usted sigue presente, lo dejemos entrar con tanta indiferencia que termina entre la cama de nuestros seres queridos, quitándoles el aliento, la paz y sobre todo la esperanza.

¿Por qué no cancela todas su citas y decide irse?. Sé que en algún momento mi compasión me ha hecho agradecer el hecho de habernos enseñado a vivir con menos. Pero acaso en la prehistoria ¿No eran más felices por el simple hecho de haberse podido abrazar?. Me tiene harta. Discúlpeme el atrevimiento. Pero hoy es un día en el que se están cansando mis dispensadores de alcohol, mis orejas por los tapabocas, mi frente por las caretas, mis manos por la resequedad del antibacterial, mi casa que ya nadie visita, mi vajilla que ya no se utiliza, mi auto que se quedó sn batería y ya ni el viento puede entrar por las ventanas de mi hogar.

Yo sé que a usted le tiene sin cuidado las relaciones personales, las de pareja, las de hermanos, las de tíos, abuelos, primos o cualquier tipo de armonía, pero en serio ¿Le parece que no es suficiente la peste negra del siglo XIV, la gripe española de la Primera guerra mundial, la gripe de su primo A (H2N2) y la de ¿Justiniano del siglo VI en pleno Imperio Romano?.

Por favor le pido formalmente no acabe con nuestra humanidad, que ya suficiente hemos hecho catarsis con nuestros demonios y nuestras miserias. 

Como última cosa le recuerdo y de paso le advierto que hay alguien que ya tiene aprobada la orden de captura contra usted y lo está buscando. Es el único al que usted no puede ni mirar, ni tocar, ni sentir. Ni su saliva, ni su sudor, ni su olor putrefacto puede hacerle daño a él. Espero que cuando se encuentre con él, le recuerde, que este mundo no fue creado para seres tan inhumanos como usted.

No le agradezco su atención. Le agradezco no se le ocurra volverse a aparecer con los míos, porque por más que a veces quiera ahorcarlos, los defenderé con mi vida, me convertiré en una leona, en lo que sea necesario para que usted no se vuelva a atrever a entrar.  Usted no me conoce, no tiene ni idea lo que hago por los que amo. Mejor dicho, usted no sabe quién es él, usted no sabe quién soy yo. 


*Escrito para el Tercer Mundial de escritura. Consigna día 12: escribir sobre un relato que abarque el mayor tiempo en la historia posible.




El objeto valioso

 26 de marzo de 2010. 

"Abrieron el auto, sacaron solamente dos maletas, una de ellas era la suya, donde estaba su computador".

Con esa afirmación, en el extranjero, en el supuesto país donde no suceden ese tipo de robos, mi hermana se acercaba a mi y me bloqueaba la posibilidad de elegir las últimas ofertas de Victoria Secret. Levanté mi mirada y pensé que me hacía una broma. Pero su expresión fría me hacía imaginar que tal vez eso sí era posible. 

Mientras caminábamos por entre los enormes corredores de ese centro comercial, conocí la eternidad. Una distancia que me silenciaba y aumentaba la posibilidad de perder mi computador. Mi segundo objeto más preciado, pero ese, era mi primer portátil. Un MacBook Pro. El primer objeto que había adquirido gracias a mi trabajo, esfuerzo y dedicación. Lloré el día que lo compré y hasta me tomé una foto para no olvidar la felicidad que sentí.

Después de haber perdido en la sala de cirugía de un establecimiento de la Avenida Caracas con 72 en la ciudad de Bogotá, 10 años atrás, a mi regalo de quince años, que era una cámara de Video 8, no había vuelto a sentir semejante vacío como el que sentí cuando mi hermana me habló por robo de mi maleta. Recuerdo que el día que perdí ese, mi primer objeto más preciado, mi cámara de video por culpa de un supuesto "experto en cámaras", lloré como si hubiera perdido mi mascota. Cuando terminé de llorar, me prometí no volver a hacerlo por un objeto. Así que el 26 de marzo de 2010, mientras caminaba por los eternos corredores,  me repetía mentalmente: "dijiste que no volverías a llorar por la pérdida de un objeto", y así fue.

Al final del corredor, se veían las siluetas de los integrantes de mi numerosa familia. Minutos antes, todos habíamos realizado una parada en el centro comercial para derrochar los pocos dólares que llevábamos entre el bolsillo. Las maletas las habíamos dejado en la camioneta que nos había transportado desde el aeropuerto, mientras se acercaba la hora de Check in del hotel en Miami. Por supuesto el encargado de cerrar con suficiente seguridad el auto, no se percató que alguien nos tenía en la mira.

Fue así como según las cámaras del lugar y los artefactos propios de la investigación en "la escena de hurto del objeto valioso", determinaron que posiblemente nos habían estado siguiendo desde la salida del aeropuerto.

Cuando finalmente me acerqué a mi familia, todos y cada uno de ellos me miraban como si yo fuera a derramar gritos de histeria. Pero no. La mirada de compasión de mis sobrinos, mis papás, mis cuñados, mi prima, las suegras de mis hermanas y mis hermanas, me enternecieron tanto, que lo único que se me venía a la mente era: ¿"es un objeto, no te angusties, calma y respira: los tienes a ellos"?. Su cara de preocupación por mi, fue mi medicina.



Así fue como pasé de no comprar ropa interior de Victoria Secret a comprar un nuevo computador portátil. No hubo derroche de dinero para elegir nuevas cosas en otras tiendas, no pude comprar nada más en todo el viaje porque mi dinero se invertiría en el nuevo computador portátil. Realmente eso era lo que menos importaba, los tenía a ellos, a mi familia. La que siempre ha estado y estará cuando nuevamente pierda algo material o emocional en mi vida.



**Escrito para el Tercer Mundial de Escritura - consigna día 11: escribir un texto que tenga su momento de mayor impacto o tensión al comienzo de la historia. 





jueves, 5 de noviembre de 2020

No es un punto, es coma.

Era muy difícil saber cómo ella había quedado en ese estado. Pero según Roberto, una vigilante del conjunto residencial llamado "El Bosque", el primer testigo de la noche, ella había llegado al edificio de su hogar a las 23:00 horas. Esa noche la vieron entrar tanto el portero Raúl, como el vecino del apartamento del piso superior, Paco. El tercer testigo. Aunque ella no mantenía una relación cercana con sus vecinos, Paco, permanecía a la espera de un saludo por parte de "la vecina" y la reconoció a pesar del tapabocas y la careta. Mientras conversaban la vieron cruzar la puerta de la recepción del edificio, de manera rápida e indiferente y con un simple "buenas noches". 

Otro de los hombres del personal de seguridad, que sería el cuarto testigo, en su ronda nocturna, escuchó los sollozos y el llanto de la mujer durante varias horas seguidas. Aunque sabía que estaba sola porque el apartamento había estado desocupado un par de meses, imaginaba que sus lágrimas podrían provenir de algún caso relacionado con su pareja, que hacía tiempo no se le veía. 

Según el informe policial, uno de los vigilantes del personal de seguridad, realizaron una llamada al 911 porque intentaron tocar la puerta y nadie respondió. Para poder ingresar, tuvieron que forzar la chapa y la encontraron en la habitación, casi desmayada y con el pulso muy bajo. Llevaba puestos unos guantes, una bata de dormir y unas medias térmicas. Suponen que debía sentir mucho frío. 

Tratando de reconocer el lugar, aparentemente no había nada relacionado con bebidas o alimentos consumidos durante el día, solamente se veían pequeños desechos de una fruta consumida en la noche. El refrigerador estaba completamente vacío y la vajilla casi intacta. Lo único que permanecía caliente era la cera de un velón blanco en la habitación.

Las autoridades hicieron un llamado al personal forense, el cual el siguiente día corroboró que efectivamente había estado despierta durante altas horas de la noche, porque no solamente se evidenciaba en la humedad del papel que utilizó para secar aparentemente sus lágrimas, junto al espejo del cuarto de baño, sino por el registro de acceso que se evidenciaba en su computador. Allí se empezaban a desatar las hipótesis de su estado.

El quinto y sexto personal de involucrados en el informe policial, serían dos de sus más íntimos amigos.  Estuvieron esa noche en la sala de espera de emergencias y le comentaron a la policía que una notificación de una publicación en su blog, les había llegado en la madrugada a eso de las 2:20. No solamente les había llamado la atención la hora, sino el tipo de contenido. Aunque la mujer casi siempre publicaba temas relacionados con sucesos externos, casi nunca escribía o socializaba cosas sobre su vida personal.  El texto de su publicación era escueto y evidenciaba mucha rabia y dolor sobre la belleza y la vanidad. Al parecer esa noche algo debía haberla estado perturbando profundamente, para haber realizado esa publicación sin medir las consecuencias que posteriormente desatarían juzgamientos y señalamientos de sus actos.

Aunque aún se desconoce la causa de su estado, la hipótesis más cercana, se relaciona con lo último que consumió o incluso sobre algún shock emocional. En una de sus manos sostenía un libro espiritual y junto a su almohada una nota marcada con una fecha de más de dos meses atrás. El mensaje decía: "Dios está en este hogar". Ese mensaje, se registró como la séptima y última persona involucrada en el informe. 

Sigue siendo una inconsistencia el número de testigos y se siguen desatando hipótesis sobre las causas de su estado de coma determinado por los médicos. Solamente se espera que en algún momento, algún tratamiento o milagro la haga despertar, que acabe el silencio y le quite el frío o la blancura de su palidez que pareciera la tuviera atrapada en ese estado de vida, no de "punto final", sino de "coma", que la mantiene dormida en una aquel muro de cristal.


**Escrito para el Tercer Mundial de Escritura - consigna día 10: escribir un relato policial, víctima o testigos, a partir de un cuento de hadas clásico. Elección: Blanca Nieves y los 7 enanitos.




miércoles, 4 de noviembre de 2020

El globo amarillo


"¿Hace cuánto que no luchas?", le preguntaba un niños de 5 años a Batman en plena Plaza de Bolívar.

El hombre bajó su mirada y le contestó: "¿Por qué supones que no lucho?". ¿A caso has visitado mi cueva?, conoces algo de mis trabajos nocturnos o diarios?. Quién te ha metido esas ideas en la cabeza?

El niño que llevaba una capa igual a la de Batman, se mantiene intrigado por los globos que lleva Batman. ¿No debería ser a caso un súper héroe que lanza anzuelos a los tejados?

Batman parece frustrado con la pregunta y con sus globos que se venden poco. Aún así los amarra a su carrito de perros y los mantiene atados para no perderlos.

Batman tiene canas, ya no vuela, ya no sabe cómo vender sus globos. Algunos los tienen prohibidos en lugares públicos. El helio lo utilizan para imitar voces y está escaso. Es por eso que a veces él vende los globos sobre un soporte largo con un nudo, que hace parecer que flotan, generalmente miden entre 1 y 2 metros de altura. 

Cuando hace sol, los globos explotan, porque el calor no lo soporta. Aún así, Batman va todos los sábados a la Plaza de San Victorino, hace su pedido, los infla con el sol o la lluvia de turno y se devuelve hasta la Plaza.

Nuevamente el niño le pregunta "¿Hace cuánto que no luchas?". Y Batman hace una pausa para imaginar sus luchas, sus caídas y sus derrotas. Pero solamente lo recuerda, pasa saliva y en ocasiones bosteza. Siente el vacío de su corazón. Batman parece que tuviera el corazón de color amarillo. Palpita y se comprueba que cuando intenta salirse de su pecho, le salen mariposas como en las historias de Macondo.

Cuando pierde algún globo, la vaticueva lo detecta y lo atrae con un control de mando. De tal manera que día a día, Batman vuelve con el número exacto de globos a la plaza.

Niño uno, niño dos, el de gorra, el de tenis, el de calle y Batman solamente espera al niño que diariamente lo busca y le pregunta: "¿Hace cuánto que no luchas?"... 

Hubo un día en el que el niño no volvió.

Una mañana de abril, Batman, sintió que perdió su memoria. Olvidó la plaza en donde se paraba todos los fines de semana a vender sus globos. Olvidó cómo amarrar su zapatos, olvidó los sueños, olvidó la cuchilla de afeitar, olvidó cocinar, olvidó su próximo destino, simplemente lo olvidó todo.

Y ahora era libre. Había recordado volar. Un globo amarillo se había soltado de su carrito de perros calientes y se elevaba lentamente. Había descubierto que su memoria estaba atada a sus globos. Que a medida que pasaban los años, algunos globos se perdían en el cielo, otros permanecían y otros explotaban.

En su memoria, venía la pregunta del niño: "¿Hace cuánto que no luchas?". Y Batman miraba al cielo y dejaba escapar una sonrisa con el recuerdo de su nieto. Aquel que le hacía creer que era Batman por su pregunta casi diaria. Lo hacía sentirse un súper héroe. Le hacía olvidar los problemas de la vida y le recordaba que ahora era él, su nieto, era quien se encargaba de comprarle nuevos globos color amarillo, así su abuelo, casi no lo recordara.

A veces se le ve pasar en algunas plazas. Le dicen "Robin", pero a él le gusta sentir que es casi como Batman. El nuevo hombre que vende globos en la Plaza.



**Escrito para el Tercer Mundial de Escritura - consigna día 9: escribir a partir de la siguiente frase: "¿Hace cuanto que no luchas?" Nene de unos 5 años a un Batman que vende globos en la Plaza Independencia, Mendoza.



lunes, 2 de noviembre de 2020

Como dos pepas de mamoncillo

Con el murmullo de las voces de la casa de a lado, intentaba conciliar mi sueño. Un martes, luego de un partido de fútbol, en plena pandemia donde era imposible salir a celebrar, Colombia ganaba 3 a 0. Mi obligación diaria del trabajo, me forzó a tratar de dormir, a pesar de mis ganas de salir a algún bar. 

Mi cama era los suficientemente grande y cómoda para descansar. La puerta de la habitación permanecía abierta. Las ventanas ondeaban las cortinas levemente, porque el viento refrescaba la habitación, que en la noche, fácilmente podía alcanzar los 30 grados centígrados. En ocasiones utilizaba una manta para el frío de la madrugada, pero me sentía relajada y con la serenidad propia del momento de ir a descansar

Los ruidos de las hojas, el crujir de los árboles, el ronroneo del gato de la vecina y el bajo volumen del televisor antes de dormir, me arrullaban casi a punto de hacerme caer en los brazos de Morfeo. El temporizador a las 23:05 apagó el televisor y entre los saltos de las ovejas de mi imaginación, las vecinas desataron un alarido que retumbó la casa por completo. Duró aproximadamente unos 8 segundos y finalizó con un gemido de llanto.

Mis ojos se abrieron como dos pepas de *mamoncillo. Fruto jugoso y redondo, conocido en otros países como mamón, maco, quenepa, limoncillo, huaya, motoyoé o coquito de San Juan, que al quebrar su cáscara, expulsa su pulpa esférica. Así estaban mis ojos en esa oscuridad a media noche. 

Aunque un grito así, podría ser ocasionado por cualquier evento, como un golpe, una broma o incluso una herida, mis oídos se afinaron como un silbato que se utiliza para ahuyentar a los perros. Mi cabeza casi erguida como la de un pavo real, con las plumas de mi pelo electrizadas, en vez de escuchar las voces de las mujeres, escuchaban los latidos de mi corazón. El latir de mi pecho casi a punto de romper mis costillas, se aumentaba con el silencio que inició con el enmudecimiento de las dos mujeres. Esperaba atenta, un grito que dijera: "ayuda", o "llamen una ambulancia", o "¿Qué te pasó?", o "¿Y ahora qué hacemos?", ¡o algo!, pero ¡nada!. No musitaron palabra alguna.

En ese justo instante empezaron mis miedos a mezclarse con cada uno de los sonidos del exterior. Pero como si hubiera sido un espanto, el gato dejó de ronronear. Las hojas de los árboles no se movían con el viento y la sombra sobre mi ventana, quedó paralizada. Empezaba a creer que alguien de pronto entraría por la puerta de la habitación. Pero me llené de valentía y me puse en pie para asomarme a la ventana. Mientras caminaba hacia ella, las cortinas dejaron de moverse y quedé paralizada. Retrocedí, cerré la puerta y casi sin mirar para los lados, volví a mi cama.

Escuchaba ruidos leves en el techo. Podría ser alguien caminando, o seguro estaría intentando entrar a la casa de mi vecina, pero ¿Y por qué no se escuchaban más gritos o conversaciones lejanas?.

No lo sé, pero empecé a sudar frío y mi miedo me impedía encender el televisor, moverme o intentar descifrar el aullido que parecía el avistamiento de un fantasma en medio de la noche en plena carretera de lluvia, luego de pasar cerca a un cementerio. Realmente fue aterrador. Ni mi sensatez, ni mi madurez, ni mi edad lograban controlar mi imaginación. Intenté dormirme pero fue casi imposible. Tuve que orar y pedirle a Dios que me dejara dormir. Pero solamente pude conciliar el sueño por una hora desde la 1:00 am hasta las 5:00 am, momento en el que por fin empezaba a salir el sol. 

Me levanté, le pregunté a quienes esa noche también dormían en la casa pero nadie había escuchado los gritos de las mujeres. A pesar de la luz del día, mi pánico se intensificaba, los latidos de mi corazón permanecían fuertes y se mantuvieron constantes hasta las 3 de la tarde del mismo día. Momento en el que mi mamá le preguntó a la vecina si algo les había sucedido. Y si. efectivamente el grito de sus dos hijas la había hecho también levantar de su cama como a mí.

Cuando me dice mi madre: "resuelto el misterio", esperaba que estuviera relacionado con algún espanto, pero no. La causa había sido la fobia de sus hijas por las cucarachas voladoras. Una del "tamaño de un ratón", dijeron.

No me pregunten cómo un grito por algo tan insulso me pudo llenar de terror durante toda la noche y casi todo el día siguiente. Pero les aseguro que se pusieron de acuerdo las cortinas, el televisor, las ramas, los árboles, el gato, las sombras y las cucarachas para hacer una de las peores noches de terror en el encierro de la pandemia.


**Escrito para el Tercer Mundial de Escritura - consigna día 8: escribir sobre resolver enigmas, alrededor de un sonido indescifrable.