lunes, 31 de mayo de 2021

Te extraño

 Hola tía linda,

¿Cómo estás? ¿Qué tal nos ves desde allá arriba?. Te escribo este correo porque creo que debo dejarte por escrito las miles de palabras y sentimientos que se fueron con el viento y nunca te pude decir. 

Tu hermana, mi mujer favorita, sigue administrando el cuidado de tus orquídeas. Se las pinté en la pared del jardín de su casa para que con ella, los colibríes también te recuerden. Ellos sienten que estás por ahí. Tus hermanos extrañan el Ganocafé diario y tus palabras cariñosas de la madrugada. El tío Jairo ya no tiene con quien pelear por las materas asimétricas que tanto te gustaban, pero sé que es feliz recordándote cada vez que las arregla. Incluso Raquelita sigue manteniendo tu granja de "Hay Day". El Mifi debo admitir que se ve muy tranquilo, siempre me he preguntado cómo hacías para vivir con él. Él tan helado y tú tan arequipe. Nunca pude entender su manera particular de demostración de afecto, pero debo admitir que desde tu partida se ha vuelto más expresivo y hasta lo he visto sonreír más de lo normal. Me sorprende cómo ora con nosotros en los rosarios diarios que nos dejaste como un hábito necesario para vivir. Su voz entre los dientes se escucha sin encender la cámara, pero no importa no poder verlo, me gusta escucharlo. Tus hijas lo siguen cuidando.

Supongo que ves como contengo mis lágrimas en este momento, pero también sé que ves mi corazón, y ves que ahora está más tranquilo que antes. Tus palabras, la última vez que hablamos, siguen llegando a mi mente cada vez que pienso lo que me deseaste para mi futuro y mi corazón. Me hubiera gustado presentarte a mi Cucarrón. Mi mejor amigo que ha estado durante años guardado, y hoy Dios me dio el tiempo para devolverle eso tan bonito que cultivó en mi. Es un hombre maravilloso. Seguramente fuiste tú quien ayudó para que yo pudiera estar aquí junto a él. Gracias tía. Gracias por dejarme sentirte en este atardecer, con el sonido del mar, del silencio de tu corazón y sobre todo con las palabras de aliento que necesitaba, entendiendo que nunca estuve, ni estoy, ni estaré sola.

Me imagino que sigues hablando diariamente con tus tres orquídeas favoritas. Viene un capullo violeta en camino, que seguramente traerá muchas cosas de ti. Ojalá traiga el color de tus ojos y la suavidad de tu piel. Tus abrazos fuertes pero llenos de ternura e incluso tu actitud cuando te volabas con mi mamá para la finca. Hablarte de ella me rompe en dos. Sé que te llora en silencio, que extraña a su hermana confidente, pero sin tu presencia física, ella te habla diariamente. No imagino mi vida sin ella y por eso no imagino cómo hacen tus princesas para vivir sin ti. 

Te extraño tía. Quisiera enviarte este correo con cada Ave María que sale de mi boca, con los regalos de tu otro hermano favorito, no el menor, ni el harlista, ni uno de los repetidos, sino ese que siempre dice que se pierden los regalos en el correo terrestre. Él sigue mencionando constantemente las últimas palabras que le dejaste grabadas en un mensaje de voz: "acuérdese que yo lo quiero mucho". Y si, creo que esas palabras lo hicieron ganar la última batalla contra la muerte. Que él se salvara, nos mantuvo llenos de ilusión después de tu partida. 

Te veo en mis videos y a veces escucho tus audios; esos que me quedaron guardados en el historial del celular. Me gusta sentir que sigues aquí, pero como dice Aitana en sus canciones: "me niego a borrar los mensajes".

Quisiera devolver el tiempo para pintarte la pared de tu casa, las ventanas del balcón y las miles de ideas que me quedaron pendientes. Aún conservo los tableros compartidos de Pinterest, las publicaciones de inspiración de Instagram y tus mensajes bonitos de Facebook. 

Nunca te dije que te amaba, pues hoy lo hago. Te amo. Con el recuerdo del cielo azul, como los ojos del nono, con el reflejo de los naranjas, amarillos y degradados reflejados en el mar. Te siento y sé que estas aquí. Te extraño tía, déjame repetírtelo. Mis tres hermanas y yo queremos gritárselo al universo.

Déjame escucharte tía Hilda, déjame saber que tu partida fue un poder de Dios para unirnos como familia; que seguirás siendo la confidente de mi mamá cada vez que te necesite; que jamás dejarán de florecer las orquídeas en la finca; que siempre me verás como tu sobrina la loca que te hacía reír. Hazme reír, que hoy yo no tengo muchas ganas. Te extraño un montón, como ahora, como nunca imaginé que te extrañaría. 

Te extraño una y mil veces más.

Tu sobrina la loca.

Lilí


*Consigna día 1 del Cuarto Mundial de Escritura asignado por la escritora Manuela Martínez: Escribir una carta que nunca llegará. https://www.youtube.com/watch?v=0GPPTpBoVgs 




martes, 18 de mayo de 2021

Una semana

Un sueño inconcluso, tenis, bloqueador solar, 4 km programados, sol incandescente, respiración agitada, los latidos de mi corazón, 120 calorías, el beat de Avicii, pensamiento de mi realidad, la lejana, la que parece Marte, la que me mantiene motivada, parece otro planeta, uno que no conocía, que es juzgado por el que sangra, por el que llora, por la impotencia de los golpes, que no pedimos, a algunos nos pasan de lado, a otros de frente y se pierden los dientes, los ojos, la mente, la vida. Mi vida que depende de mi mente, de mis ojos, de lo que mis dientes trituran, de lo que digo de frente, de lo que cruza por mi lado, porque lo pido, porque evito los golpes, aunque lloro, sangro, juzgo, me desconozco y debo volver a la tierra, poner mis rodillas en el suelo, sentir el beat del viento, alivianar mi cuerpo, volver a mi corazón, a ser consciente de mi respiración, mirar al sol, con los ojos cerrados, sin distancia, descalza, para volver a dormir, para soñar y nuevamente volver a empezar.


*Ejercicio para la clase de gramática elaborando un texto de 100 a 120 palabras, utilizando solo puntos como signo de puntuación sin usar más de dos palabras léxicas por frase (100-150 palabras). El texto debe titularse: "Esta semana"con contenido que haga alusión a las impresiones / sensaciones que esta semana de paro en Colombia ha dejado en cada uno.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Consolación de patria

Y con nuestra boca nos atrincheramos sin piedad, en manada, como una estampida de gritos desesperados por el dolor de patria y en vez de sanar terminamos hiriéndonos entre nosotros mismos, con el señalamiento de nuestros ojos puestos sobre quienes no queremos un enfado más. Todo parece una tentación, una cruel y realista tentación de demolición. Si es así, ¿Hasta cuánto tanta provocación?, ¿Hasta cuándo seguiremos desbordando nuestras energías llenas de destrucción?.

Oye, pero..., es verdad, no podemos soportar las "muchas cosas" que tienes para decirnos. Mientras tanto, déjame escucharte en el silencio de este dolor, que se desvanece entre las letras de mi propia consolación.


*Parte de un ejercicio para la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia, para una publicación colectiva de Consolaciones en conjunto con la Asociación de Uniandinos. como experiencia a la situación actual del paro nacional. Está inspirado en el texto de las Consolaciones de Séneca. Un filosofo que le envió una carta o consolación a su madre, cuando comenzó a sufrir la persecución política del déspota del Nerón. Sus Consolaciones se transformaron en un genero literario.

miércoles, 5 de mayo de 2021

Vanidad

Y casi lo olvido, era ondulado, libre, sin miedo, rebelde, de puntas ligeras, sin peso, con el color de la tierra, natural, sin tintes, virgen, escondido pero sin silencios, rodeado de risas ocultas, con la fluidez del viento, cubriendo mi rostro, mis ojos, a veces mis mejillas, incluso mi sonrisa, lo escuchaba, me cubría, me protegía del sol, incluso de la lluvia, hasta que mi rostro se asomó como una reina sin corona, exigiendo con autoridad para dejarse ver, con vanidad, con un poco de lujuria, con dudas pero con valentía, aunque brilló con tanto poder, se perdió, se confundió y terminó dudando hasta de su piel, de sus pecas, de sus pestañas rotas, de las manchas de la vida, de las arrugas del tiempo, de la humedad del aire, del calor condicionado, del color, de la suavidad, de las palabras secas que se clavaban como agujas, que fueron cayendo las gotas de la vanidad, entre el rímel y el labial, levantando el polvo de mi piel levantándose nuevamente, como antes cuando no se dejaba ver. Alguien regresa a mis párpados caídos, a mis surcos, a mi sonrisa enredada, esa que había olvidado, que hace levantarme con el viento cada vez que me miro por dentro, sin diafragma, sin espejos, con algo de temor, pero ahora simplemente vuelvo a él, a mi lenguaje del día, el de la noche, afortunadamente con el tiempo he vuelto a él, a mi pensamiento de color miel.



*Ejercicio para la clase de gramática elaborando un texto de 100 a 120 palabras, utilizando sólo comas como signo de puntuación, relacionado con el contexto actual. Elegí el no encender la cámara de la clase como estudiante y la vanidad como excusa para no participar en una clase con opiniones políticas y sociales sin sentido.




miércoles, 21 de abril de 2021

Punto por punto.

El libro existe. Estaba escrito. Lo llaman destino. El de arriba me escuchó. Olía a vainilla. Parecía coco. Una vela sin viento. Latidos del corazón. La luna en el agua. La ciudad en la distancia. Los puntos eran luces diminutas. La noche silenciosa. Las letras flotantes. Buscando la inspiración. La escritura pendiente. La hora detenida. Mi pelo esponjado. Mi cuerpo suspendido. Tocaste mi corazón. Sin mucho esfuerzo. Dos lámparas. La suave cobija. El sofá de atardeceres. Tu suéter gris. El aire limpio. Temperatura precisa. Tu sonrisa al irte. Nuevamente los latidos. Música para mis oídos. Sinfonía de Beethoven. Lágrimas de felicidad. Te vi. Al fin llegaste. Se lo pedí a él, al de arriba. Él lo escribió. Lo he leído en su libro. Él también escribe. Es difícil entenderlo. No lo he leído completo. Me dio una segunda oportunidad. Lo haré mejor. Me debía esta sonrisa. Me haces sonreír. Reír a carcajadas. Yo no sé mañana. Hoy es mañana. Una armonía pendiente. En un nuevo lugar. Un destino. Que buen destino. 


*Ejercicio para la clase de gramática elaborando un texto de 100 a 200 palabras, utilizando solo puntos como signo de puntuación sin usar más de dos palabras léxicas por frase.

viernes, 26 de febrero de 2021

Mi Cucarrón

"Ilustración de animales" era el nombre de la asignatura que requería una pieza de ilustración de hiperrealismo. Para lograr ese nivel de precisión, algunos docentes sugerían la compra de animales disecados, preferiblemente con variadas tonalidades que permitieran obtener un mejor resultado cromático en la ilustración. Fue así como en 1996, un escarabajo o cucarrón disecado, de color azul iridiscente, ubicado en una cajita plástica que parecía de cristal, se convirtió en la conversación detallada de un joven estudiante de diseño gráfico, que le explicaba a su mejor amigo, quien era mi novio en ese entonces, lo que a él le iba tocar hacer un año después, cuando cursara la materia de "Ilustración de animales".

Ese joven, el que cursaba un año más adelante que nosotros, el del cucarrón, se quedó apodado para siempre así, el "Cucarrón". Nunca me han gustado los apodos donde se relacionan a las personas con animales, me parecen ofensivos, pero esa vez, era yo quien contradecía la regla de relacionar nombres de animales con las personas. La razón era simple "Cucarrón" era la palabra justa para la recordación visual a mi problema de memorizar nombres.

"Hola Cucarrón" ha sido el saludo constante durante 25 años a Francisco, mi amigo el divertido, mi único y mejor amigo de toda mi vida. Esa etiqueta se fue incrementando con el tiempo hasta tal punto, que nunca necesité escribirle un blog, porque él sabe quién es en mi vida. Pero como la vida da tantas vueltas y la pandemia llegó con la imposibilidad de verlo, justo en el momento en que creo que más he necesitado de sus abrazos, este blog es para él. Es para ti Cucarrón, para recordarte y dejarle por escrito al mundo, el maravilloso ser humano que eres en mi vida.

Ser diseñadora gráfica y tener de mejor amigo a otro diseñador gráfico puede llegar a ser toda una agonía. Él puede evaluar detenidamente el color de tus medias, sobre todo cuando se está en una fiesta casera y los zapatos se convierten en un estorbo; debes justificarle con qué otra parte de tu outfit, combinan tus medias. Él puede tener un increíble equipo de cómputo, de última generación y convencerte sutilmente de cambiar de sistema operativo sin explicarte el impacto forzoso y cruel de aprendizaje. "Quien toca un Apple no vuelve a Windows", decía con tanta seguridad, que mi pelo se convertía en león cada vez que lo pronunciaba. Pero desafortunada o afortunadamente tenía toda la razón. 

En plenos años 90, tener un equipo iMAC con forma de casco cibernético, era como estar en la luna. Mi posibilidad de tener algo así, era como si yo fuera Wall-e y ese equipo de cómputo fuera EVA. El día que fui a su casa por primera vez, ese astronauta me saludó y me inyectó una dosis de tecnología + diseño, que hasta el día de hoy, el mundo cibernético se ha convertido en la primera pasión de mi vida. La primera página web que diseñé, fue a raíz de un ejercicio en la universidad para cambiar la impresión de un libro, por una interfaz cibernética, que para los años 90 era toda una innovación y sabiduría poder hacerla. Solamente a él entre más de 60 estudiantes se le ocurrió esa grandiosa idea, que adopté un año después cuando tuve que cursar la materia. Gracias a eso llevo 18 años haciendo la misma tarea. Diseño de páginas web a diestra y siniestra.

Por su culpa, no solamente yo añoraba tener algún día un MAC, el cual hasta 11 años después pude tener y lloré el día que lo compré, sino que anhelé el universo audiovisual en el que él ha vivido durante los últimos 20 años. Se volvió un crac del Motion Graphic. Él seguro dirá que no es verdad.

Sus pasiones por el cosmos lo han hecho viajar por el mundo como un Han Solo, a veces con y sin una princesa Leia, con algunos Skywalker, Chewbaccas, R2-D2, e incluso con el mismísimo Darth Vader. Algunos de ellos, los conoció en la universidad y debido a la energía y protones de su cuerpo, se bailó un sin número de "rumbas" desde la creación, hasta el cierre de bares como el Chango, Almirante Padilla, Chamois, Punta Sur, Mr Babilla y el inolvidable Discovery o "Dis-lobery". Los finales de la noche los "rematábamos" en la casa de mis padres cantando a grito herido los temas de Soda Stereo, Mano Negra y Café Tacvba. Nos bebimos desde las "Guayas", pasando por el agua del florero, hasta los "cunchos" de licor y nos vimos caer como fichas de ajedrez uno a uno en la sala de mi casa. Despertamos con los caldos de costilla de mi mamá y las risas de nuestro estado de guayabo juvenil, recordando el quiebre de una que otra mesa de vidrio en nuestro estado eufórico de diversión. 

Su princesa Leia o "Fantabulosa" de los 90, se convirtió en mi mejor amiga y me dejó conocer más del Cuchi, Estévez o simplemente de Francisco. Gracias a nuestras parejas y el plan de amigos, recorrimos Villa de Leyva, los Llanos orientales, Sesquilé, Miami y algunos nombres más que ya no recuerdo. Como diría él: terminamos hasta en "Anolaima".

El Cucarrón es ese amigo que una vez me dejó generosamente su puesto de trabajo y a los seis meses con la misma facilidad, me lo volvió a quitar. Entre sus viajes por el mundo de "ires y venires", siempre me ha dejado tardes de risas, abrazos de despedidas y sobre todo voces de aliento. Aunque sus travesías por el mundo laboral nos han apartado físicamente, él siempre ha estado ahí. Lo he visto romper corazones y perder el año con su malicia respectiva. Se ha dejado convencer de salir a rumbear, así al otro día el guayabo de adulto contemporáneo no lo haya dejado trabajar. Se ha gozado los asados, las fiestas de disfraces y cuanta fiesta de casa. Ha logrado mantener su vida distante de las redes sociales. Él no da abrazos, da apapachos. Ha aceptado perder "amigos" que se convirtieron en conocidos o mejor diría que "desconocidos"; pero quienes lo conocen de verdad y lo consideran su amigo, jamás se permitirían perderlo. No soporta que llenen de halagos su vida profesional y menos con tantas flores. Estoy segura que en este punto del blog ya se debe estar sintiendo incómodo. 

No manda stickers por WhatsApp, ni emojis con corazones rojos a su mejor amiga. No le preocupa sus lecturas de “check azul”, actividad “en línea” o mensajes sin leer. Las camisas de botones no se ven en su guardarropa, seguramente el universo de las camisetas y los tenis decidirán siempre por encima de ellas. Lo he visto dormir con tapones para los oídos, antifaces para los ojos y diría que le ha faltado el gorro triangular para la cabeza. No soporta permanecer en una sala de cine, escuchando el ruido de las personas mientras se alimentan; es por eso que siempre se sienta en la primera o en la última fila, lejos de los "primates" irrespetuosos del cine. Se ha trasteado en repetidas ocasiones por culpa de los ladridos del perro del vecino, por el frío, el calor o cualquier estado que invada su mundo de intimidad espacial constante. El amor por sus carros de colección le pueden sacar "la neura" fácilmente si se los tocan o si en la vía alguien intenta comportarse como un "desadaptado". Lo único que seguro le quitará la furia que a veces lo posee, es su hijo de cuatro patas Jimbo. Un pedacito del cielo que Dios le dio a él y a mi amiga Fantabulosa, por los angelitos que dejaron en la eternidad.

Es un hombre con muchas historias, de principio y fin que he visto vivir con intensidad. Con la pasión y  perfección por su trabajo, con el estrés de la adultez pero siempre con una sonrisa en su rostro. Me ha dejado conocerle la mayoría de las fases de evolución respectivas a la edad en cuatro décadas y media de "chocheras" compartidas. 

Al Cucarrón la vida le ha dado muchas sorpresas físicas y emocionales que le han dejado a veces el corazón arrugado, pero la "chispa" que le saca a la vida, lo ha mantenido siempre de pie. Afortunadamente le he conocido muy pocas lágrimas; esas que salieron cuando perdió los amores de su alma. Sin duda, lo que caracteriza su personalidad es una carcajada. Esa que ha logrado sacar en mí, cada vez que hablo con él sin ni siquiera pensar en el tiempo de la llamada. Un tiempo que quisiera recuperar para agradecerle por ser tan incondicional, por respetar nuestra amistad y no haber cruzado nunca la línea, por llorar conmigo, por aceptarme con mis medias de colores, con mi pinta de tenis y pelo alborotado. Por ser tan humilde, auténtico y sobre todo proteger su corazón. Por dejarme a una amiga del alma tan Fantabulosa. Por simplemente llevar a Dios en su vida de la manera tan especial en que lo hace: sencilla, correcta y coherente. Como debe ser. Porque la fuerza lo acompaña.

Por eso Cucarrón de Discovery o Zootopia y mil recuerdos de más de dos décadas que no puedo expresar más, te dejo por escrito que hoy y siempre, serás mi único, genial, leal e irrepetible mejor amigo al que no quiero perder nunca. Solamente por dejarme conocerte tal cual eres, vuelvo y te pregunto: ¿Cómo no quererte?.  


sábado, 20 de febrero de 2021

Imaginario

1ra parte: http://lilobp.blogspot.com/2021/02/un-beso-de-chocolate.html

Quería continuar alargando ese momento, pero ese anochecer con sol empezaba a perseguirme y aunque mis ganas de aventurar se mantenía, era momento de volver. Con mis pensamientos saliendo como letras en mi mente y la mirada baja, abrí la puerta del café esperando que volvieran a sonar las campanitas. Empujando la puerta para salir y atrapando nuevamente mi esponjosa cabellera, tropecé con un extraño como si fuera una escena de "perversa adicción". Pero su gorro de montaña casi igual al mío, su chaqueta de cuero que le cubría la boca, y su mirada no me dejaban ver a un hombre atractivo sino mi experiencia de desconfiar de los extraños, me hicieron imaginar a un hombre que posiblemente en un choque, se llevaría mi billetera. Con esa desconfianza por los extraños que me caracteriza, bajé rápidamente la mirada,  llevé mis manos a mis bolsillos, mi corazón se aceleró y sin pensar que tal vez no entendería mi idioma le dije "lo siento". Él con una respuesta inesperada, respondió igual. En un idioma no común entre las calles europeas. Yo no sabía si debía sonreír por la empatía con el idioma o salir corriendo por un latino "confianzudo", pero mi salida apresurada ahora convertía el caminar de un vaho lento, en una caminata agitada con los nervios en las manos.



Intentando ponerme nuevamente los guantes, me percaté que solamente llevaba uno. Había perdido el guante de mi mano derecha. Guantes que en la mañana había comprado en una de esas tiendas bohemias de las hermosas calles de Ámsterdam. No podía darme el lujo de perderlo. Esa mañana cuando encontré aquel lugar, mi decisión de elegir los guantes adecuados fue bastante extensa. Incluso la entrega de ellos entre esa bolsa de papel, con un adhesivo en su cierre, se convertiría en uno de los recuerdos de mis libros de colecciones en aquel viaje de noviembre.

Me detuve. Me llené de valor y di media vuelta para volver al café con sabor a chocolate. Sabía que me encontraría a aquel extraño de cejas pobladas, ojeras marcadas y un candado en su barba. Ahora quería que las campanitas no existieran, quería que nadie volteara la mirada, ser un fantasma, traspasar la puerta y simplemente entrar, tomar  mi guante y nuevamente salir corriendo.

No alcancé a acercarme a la puerta cuando sentí una mano en mi hombro, que pronunciaba mi nombre. Me dijo, -¿Martha, eres tú? Y contuve mi respiración, vi al hombre extraño con el guante en su mano y el instante me obligó a mirarlo fijamente a los ojos. ¿Cómo era posible que supiera mi nombre?. Al mirarlo fijamente, era él. Era nuevamente él. Era el imaginario de años atrás. Era el culpable de haberme hecho creer que no podría estar en ese lugar sin un "él", sin un romanticismo imaginario.


*Ejercicio para la clase de Narrativa de la Maestría en Escrituras Creativas 

jueves, 18 de febrero de 2021

Un beso de chocolate

Era un frío que penetraba hasta los huesos. Esta vez estaba preparada, chaqueta de plumas, pasamontañas, guantes, botas pantaneras y un lento caminar. El viento apenas rozaba mi piel y la brisa esponjaba mi pelo. Las calles eran pequeñas con escaparates de ventanas grandes y algunos turistas entraban y hacían sonar las campanillas de las puertas. Sonreía, el vaho se desvanecía y mi respiración lentamente se agitaba por estar nuevamente ahí.

Fue mejor, 20 años después y mi corazón estaba más fuerte. Lo que me hacía caminar con tanta emoción era el presente, ya no era el futuro. Bicicletas aparcadas en las entradas, pequeños canales entre las calles y luces reflejadas en el agua, era música para todos mis sentidos. 

Terminaba el otoño y empezaba el invierno, las hojas no alcanzaban a quebrarse, simplemente se doblaban con la lluvia. El tiempo parecía no importar, la soledad tampoco. Ya estará él, pensaba, ya llegará el momento, mientras tanto sigue sonriendo como lo sabes hacer. 

Me detuve en una vitrina de cajitas de distintos tamaños, imaginé que era uno de mis sitios favoritos de papeles y herramientas para pintar, pero las letras impresas con tinta dorada, las cenefas, las paletas cromáticas y la armonía de los empaques me hicieron dudar. Me detuve al instante. 

Levanté la mirada, la luz amarilla al fondo del vidrio, la mezcla de la madera y la sonrisa de la gente, me empujaron como un imán. Ahora era yo quien hacía sonar las campanitas. Imaginé que yo sería la imagen momentánea de alguien que entra, destella, se va y nunca más se vuelve a ver. Pero no, mi mente se burló de mi romanticismo repetido y me aterrizó. Aquel lugar era un café tan diminuto que lo que menos importaba era "quién", sino era "qué".


El olor de un pan caliente con una taza de café, serían el paraíso en ese atardecer de frío. Me senté en una barra que en la pared del frente seguía replicando las cajitas de colores y solamente hasta ese instante pude comprender el cuidado de empacar detalladamente su contenido: pastillas de chocolate. Era la magia de los holandeses para no sólo hacer, sino para empacar los mejores chocolates.

Liberando mis rizos, separando mis guantes y abrazando esa taza, ese instante térmico se convirtió en algo inolvidable. Podría volver con mi recuerdo, revivirlo y repetirlo una y mil veces más. Su aroma, su fogata en mis manos, su calor en mi cuerpo, su abrigo en mis labios, fue como un beso con sabor a chocolate.


2da parte: http://lilobp.blogspot.com/2021/02/imaginario.html

 

*Ejercicio para la clase de Narrativa de la Maestría en Escrituras Creativas 


Dos relatos, una verdad.

Uno de estos dos relatos es completamente falso y el otro es completamente verdadero:


Relato 1: 


Abril, 2001, España, 8:30 pm y ellas cenaban entre tapas y cerveza. Suena el móvil y al otro lado de la línea, él le dice a Sandra: “hemos encontrado algo”. En cuestión de minutos las tres mujeres toman un taxi, llegan al edificio y se dirigen al ascensor de rejas plegables. Mientras se ven los pisos pasar, Sandra les explica que en aquel lugar, sus 6 cuñados esperaban la muerte de su suegro, para encontrar unas monedas de oro que el viejo afirmaba haber escondido entre las cornisas. Mientras cruzaban la puerta principal, la oscuridad silueteaba los escombros caídos de las cornisas de los techos y era evidente el saqueos de las misteriosas 11 habitaciones. “Ven y siéntate Sandra”, le dijo el esposo. Mientras le tomaba su mano, él le decía: “en una semana han destrozado el piso, casi matándose por encontrarlas y hoy me han llamado y yo, al que menos le interesaba, las ha encontrado. 10 monedas de oro de 1750 que estaban en las cornisas, pero en las de este viejo armario, el que displicentemente me han dejado”.



Relato 2:


Abril, 2020, Bogotá, 6:30 pm y ella dormía en el sofá de la sala. Las noticias no paraban de hablar de la ola de enfermedad que paralizaba al mundo. Él intentaba no despertarla con el tecleo de su portátil, pero el sobresalto de ella con sus 36 semanas de embarazo, alertó a Raúl a alistarse y buscar un auto. “Respira Ana, inhala, exhala, falta poco”. En cuestión de minutos cruzaban la puerta de urgencias de la clínica con los gemidos y la respiración agitada de Ana. “Discúlpenos señor, pero desde aquí usted no puede pasar hasta que no esté protegido”. Raúl había olvidado por completo la situación de alerta de pandemia. Sin tapabocas, alcohol o antibacterial, Raúl ahora debía buscar una farmacia, cubrirse y esperar el parto que se extendió por más de 12 horas. Sentado en la sala del hospital, Raúl llamaba a toda su familia pero en una llamada a su suegro, al otro lado recibe un mensaje de su cuñada: “Raúl, se nos fue el viejo, no pudo conocer a su nieto”.




Verdad: relato1

*Ejercicio para la clase de Narrativa de la Maestría en Escrituras Creativas 

miércoles, 17 de febrero de 2021

Carta a Maraldy

Bogotá 17 de febrero de 2021

Hola Maraldy,

He decidido escribirte esta carta porque no he sabido casi nada de ti. No sé en qué momento dejamos que la distancia nos separara tanto. Recuerdo la última vez que te vi, cuando me alejaba lentamente en el camión de mudanza. Han pasado 31 años y sigo creyendo que mantienes tu pelo largo, entre negro pelirrojo y tu diminuta figura. He empezado a olvidar tus facciones e incluso nuestras conversaciones, solamente recuerdo que contigo me divertí como nunca. Jugar en la calle sin miedo a rompernos los pantalones, dejar marcados los codos con el pasto, jugar como niños, esos que montan bicicleta, patean piedras, juegan con tierra, corren bajo la lluvia y ríen a carcajadas, que divertido que era.

Maraldy, me haces falta. Quisiera saber qué pasó con tus muñecas y los vestidos tan hermosos que hacía tu mamá con los retazos de tela que le sobraban para mi muñeca. ¿La recuerdas? ni siquiera era mía, era de mi hermana. Fue lo más parecido que tuve a una Barbie. Siempre me quedé con ganas de tener una. Cuando las veo, me acuerdo de nuestros juegos de muñecas.

Hace como tres años cuando volví al barrio, me contaron que falleció tu hermano y no sabes el dolor que sentí. Me parece mentira que Edson ya no esté a tu lado. Siempre pensé que sería un experto con los robots. Me acuerdo de sus muñecos de papel y su cuarto lleno de juguetes extraños. ¿Y tu hermanito menor? ¿Wilmar sigue siendo mono?. ¿Tus papás como están? Recuerdo mucho la ternura y la sonrisa tranquila de doña Doris.

De mi vida Maraldy quisiera contarte muchas cosas, pero esta carta no es para hablarte de mi, es para decirte que te extraño mucho, que espero algún día volverte a ver y que aún recuerdo cómo nos llamábamos con golpecitos en la canaleta, ojalá hoy fuera tan fácil llamarte y poder hablar contigo. Unos toquecitos y estabas detrás del muro escuchando mis historias.

Siempre que como cerezas me acuerdo de nuestras trepadas casi al techo de la casa para bajarlas del árbol y comerlas. ¿Te acuerdas que la vecina del edificio del frente nos "sapeaba" con mi papá?. Que viejas tan amargadas que eran. 

¿Sigues siendo la reina de la bicicleta?, me parece verte como una gacela con tus tenis y esa bicicleta enorme de tu hermano. Recuerdo la vez que te acompañé al parque Timiza a entrenar en la pista para tu carrera en el colegio. Siempre fuiste una ganadora Maraldy. Cómo quisiera tener una foto juntas o por lo menos una tuya. Parece mentira, pero no tengo ni una.

Espero verte algún día, ojalá la "Maraldy Villamil" de Facebook seas tú. Ya no sé dónde más buscarte. Cada 31 de diciembre me acuerdo de tu cumpleaños y ya no puedo felicitarte. Hoy necesito de nuestras carcajadas al tirar la tierra mojada en las ventanas de los vecinos jugando "están listas chicas". Quiero reírme contigo.

Te recuerdo con muchas lágrimas de nostalgia, pero espero sea por haberte recordado tanto. Ojalá algún día volvamos a encontrarnos.

Tu vecina,

Lilí


*Ejercicio para la clase de Narrativa de la Maestría en Escrituras Creativas