No son escritos de mi vida, son versiones escritas sobre la vida. Lilobp "La libertad de expresión lleva consigo cierta libertad para escuchar" Bob Marley
jueves, 2 de julio de 2020
El aliento
miércoles, 1 de julio de 2020
Trofeo
domingo, 28 de junio de 2020
38% de batería
viernes, 12 de junio de 2020
Tu corazón

martes, 12 de mayo de 2020
Felito y Lilo
PD: Gracias por ahora reír con el recuerdo del pañal. Espero que algún día me enseñes porque algunos pañales me faltan por doblar y tendré que aprender a cambiar.
Tu ahijada que te ama: Lilo
lunes, 4 de mayo de 2020
El jardín
Esos gritos de desesperación porque nada logra romper la roca de tu corazón. Endureció y no lo vi venir. Me perdí en el bosque de hojas enormes que me taparon la vista y no me dejaban ver la maleza que crecía a nuestro alrededor. No vi las flores que se marchitaron, no vi las que pudrieron su raíz por la cantidad de lluvia que cayó.
Se inundó el bosque, la flor se llenó de tanta agua que no pudo respirar y solamente movió sus pétalos tan fuerte que te golpearon sin querer. Se quebraron nuevamente mis pétalos y perdieron su color. Las espinas otra vez me hacen sangrar cuando intento acercarme. No se cómo evitar cortarme, cortarte, a veces no se cómo no quedarme sin hojas, esas que me hacen respirar. El jardín está cubierto y el único que puede liberarnos está tratando de encontrar nuevamente el abono.
Nos mira desde arriba y llora porque no entendemos. Sus gotas caen sobre nosotros y aunque nosotros nos cubrimos, somos tan tercos que no dejamos que la luz del sol arme un arco iris y seque esta inundación. Quiero renacer, pero contigo. Quiero florecer pero contigo. Quiero que mis capullos florezcan para que el sol llene nuevamente este jardín en la primavera. La estación nuevamente se alargó y no se cómo voy a hacer para pasar más días en este invierno. Contar los días me destroza.
Me congela los dedos, el rostro, las piernas y el corazón al saber que estás acá pero no estás. Dónde estás mi cuidador, en qué bosque te enredaste que no puedo soltarte. En qué momento apareció la neblina que no vi venir. No miré nunca con detenimiento profundo, hacia los lados, hacia arriba, y ahora me cuesta sacar mi néctar para endulzar nuevamente este jardín.
Ayúdanos Dios mío, ayúdanos a florecer. Quiero podar, pero no quiero que se quede sin raíces este lugar. Es más bonito con flores, esas que no puedo recordar tenerlas entre mis manos. Pensé que no las necesitaba, pero ya ves, ahora necesito girasoles, rosas o cartuchos porque de sólo de pensar que de pronto vuelva a ser una flor pálida, me lleno de terror.
Se que estás ahí, se que en alguna parte florecerás, pero ojalá sea nuevamente a mi lado. Y yo se que tú Dios mío, me puedes ayudar a callar mis gritos. Te prometo que solamente agradeceré por darme raíces, tallos, hojas, flores y capullos para renacer y honrar tu voluntad. Pondré mi jardín para ti, lo regaré diariamente y no dejaré que nunca más la neblina me ciegue, no dejaré nunca más que alguien pise mis flores más preciadas, no perderé de vista los momentos de frío. Cultivaré tu amor y confiaré en que siempre mi jardín florecerá.
miércoles, 15 de mayo de 2019
La proferosa...
Entre mis recuerdos de profes inolvidables tengo a Myriam mi profesora de kínder, con ojos verdes y pelo crespo, a Nury, la de "preparatorio"(así le llamaban al curso anterior a la primaria), a Jorge mi profesor divertido de física en 10o grado, a Elba la cuchilla pero una dura de la Universidad, a Pedro mi mejor profe de ilustración y a Juan Pablo de la especialización que me sacaba la piedra pero que le aprendí un montón.
Cada uno de ellos dejó algo realmente marcado en mi vida, pero el mejor profesor de todos es mi papá. Maestro, docente y educador en todo el término de la palabra, al que le ayudaba a calificar cuando tenía 12 años, lo veía enfurecerse por la incompetencia de algunos de sus estudiantes y adorado por miles de ellos que se encontraba y aún se sigue encontrado a todas partes a donde vamos. Él realmente tiene una vocación, esa que es tan difícil de explicar a los que dicen que "yo no sirvo para eso". Yo la llamaría una labor de Dios, esa que está hecha para dar con el fin de formar, de guiar, de ayudar a llevar por el camino preciso, de entregar para que al final los demás también terminen dando de lo que aprendieron, todo gracias a la labor de los docentes de enseñar.
En mi familia no solo mi papá era docente, también lo eran sus hermanos, un hermano de mi mamá y curiosamente terminé casada con alguien que lleva en su sangre la vocación de la docencia, con tíos educadores y finalmente un día logré algo que no sabía que anhelaba con el alma: ser docente.
En 2005, La primera vez que llevé mi hoja de vida para dictar clases a una universidad, a la Tadeo, me dijeron que no tenía experiencia, no tenía postgrado, ni artículos escritos en revistas indexadas, libros o experiencia en cursos oficiales o diplomados. Fue así como salí con un gesto de aburrimiento, descartando esa posibilidad y continuando con mi vida como empresaria.
En ese camino, retomé uno de mis sueños más anhelados: tener hijos, tener desde pequeñitos a personitas que con el tiempo, sean increíbles seres humanos, enseñarles, educarlos y llevarlos de la mano hasta el final de mi vida. Pero en la lucha de no poder tenerlos y con la voz de Iván Mauricio mi esposo, me hizo descubrir que había algo dentro de mí que nuevamente me golpeaba la puerta: ser docente. Fue así como un día, levantando el teléfono, se me abrió la primera puerta, la Vicerrectora y el Director Académico de una universidad me dieron la oportunidad de desbordar mi necesidad de enseñar.Allí y en otras universidades, aprendí a entender lo que era realmente la vocación, a llegar en las noches feliz por los resultados y otros días con el corazón roto por no lograrlo. Mi esposo, siempre al lado y viéndome empezar el camino que él ya llevaba con tanto amor por años, me recargaba con sus palabras, de experiencias y de motivación que me llenaban de aliento nuevamente. Amanecía y casi todas las mañanas que salía a dictar clase, llamaba a mi papá a darle las gracias, por la labor que había hecho durante más de 50 años.
Por eso, un día como hoy en el que celebran el día del "maestro", me atrevo a decir que personas como Iván, Enrique, Édgar, Patricia, Jorge, Pocho, Carito, Darío, Germán, Alex, Moni, Paola, y muchos docentes más, han convertido mi vida en una labor que no tiene precio; me ha llenado la vida, ha dejado estudiantes que no desprendo de mi corazón y que algún día llamaré con mucho honor: mis colegas y mejores estudiantes.
"Maestro" es un título difícil de alcanzar y espero que la vida me siga llenando de experiencias y personas maravillosas, para sentirme parte de esa labor que Dios hace todos los días: enseñarnos a dar.
"No tenemos hijos, tenemos estudiantes" Édgar Rivas
Te busco
15 de julio de 2016
lunes, 3 de septiembre de 2018
La mamá de los pollitos
jueves, 30 de agosto de 2018
Los niños perdidos
Cuenta la historia que una pareja de esposos tuvieron un niño y otros tuvieron una niña. Ellos, entre sus brazos, con el tiempo les enseñaron a caminar, a levantarse cada mañana con una sonrisa, les ayudaron con sus primeros pasos y luego los tomaron de la mano para dejarlos caminar. Un par de niños que fueron descubriendo el mundo entre las voces de quienes los rodeaban, aprendieron a ser adultos y en un abrir y cerrar de ojos sus loncheras pasaron a ser un bolso y un morral. En su mundo, los charcos, el parque, los dulces y las tareas se transformaron en calles de pavimento, cenas y días de trabajo. Cada uno en su camino iba encontrando objetos para guardar en una maleta que cargaban diariamente. Guardaban libros, pinceles, fotos, relojes, canciones, películas y un sin fin de experiencias que los mantenía conectados con su interior.
Él llevaba a su niño interior entre una caja de roble que su padre le dejó cuando partió a sus 15 años, no quería dejar de ser niño, quería mantener sus risas y dentro del mundo de la diversión. Ella decidió llevar su niña que se negaba a crecer, todo el tiempo con ella, entre su pelo desmarañado, sus tenis y sus medias escurridas.
Un día ellos se encontraron, hablaron como adultos y rieron como niños. Decidieron viajar, cenar, bailar, reír y finalmente un día abrieron sus maletas para compartir sus objetos guardados, contar sus historias y así, sin prisa, finalmente terminaron construyendo un hogar.
Mientras el mundo de adultos giraba, mientras el reloj se reiniciaba y las nubes se entrelazaban, sus niños internos empezaron a hablar en voz alta, empezaron a golpear la pared a ver si alguien los escuchaba, tenían un sueño, una ilusión, ellos querían escuchar otras voces, encontrar otros niños, querían saltar charcos y enseñarles a otros niños a caminar, ellos querían jugar.
Algunos niños los escucharon, pero al parecer ellos estaban muy lejos, porque aunque se acercaron, solamente observaron con timidez. Vinieron un par de veces, pero se fueron, simplemente no hablaron y sin alguna explicación se alejaron, nunca se dejaron ver.
Los dos niños no entendieron porqué nadie quería jugar con ellos, la tristeza los invadió y un sentimiento de soledad los hizo mantenerse en un silencio largo y profundo. Él y ella parecían dos niños perdidos cada uno en el interior de dos adultos que entre los deberes y el afán de los días olvidaron su niño interior.
Las maletas que aún contenían objetos guardados, empezaron a preocuparse por el silencio de sus pequeños dueños. Todos los objetos se reunieron e iniciaron un plan de fuga, armaron un mapa y dibujaron una ruta a través del laberinto en el que se encontraban distantes de sus dueños. La maleta de él estaba llena de libros, letras y letras inquietas que empezaron a cruzarse para controlar la fuerza del viento, la de ella contenía hojas de colores, adhesivos y fotografías que fueron armándose como rompecabezas y así construyeron una balsa. Los relojes de él construyeron un motor que se encendió con las notas de música de sus canciones y fue así como emprendieron su viaje. Mientras navegaban por el laberinto, el ruido de cada uno de sus objetos despertó la curiosidad de los niños que levemente escuchaban las voces de sus maletas.
Cada uno en su escondite, sentado en el vacío, abrazaba con fuerza sus piernas y su cabeza baja tocaba sus rodillas, empezaron a escuchar en el laberinto, las voces de sus objetos. El niño simplemente le preguntó a la niña: “hola?, estás ahí?” y ella contestó, “si, los escuchas?”, -“si, son ellos”. Y fue así como los objetos empezaron a volar, armónicamente se juntaban para armar de nuevo sus maletas, los colores se reflejaban entre sí y hacían que los niños se levantaran de su soledad. Cada objeto era un motivo, eran otros niños, sólo que ellos no podían verlos porque sólo veían objetos.
En realidad esos objetos eran niños que alguna vez también se habían perdido, pero eran quienes les habían enseñado a caminar, a reír, a bailar, a disfrutar de la vida. Ellos quienes los hicieron tomarse de la mano de nuevo, quienes se ocultan entre las maletas de cada uno, esos niños que no los dejan perder, de nuevo los hacen sonreír y les recuerdan que mientras existan sueños, los niños no estarán solos ni perdidos, estarán siempre dentro de ellos.


